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El placer de jugar (y quizá ganar) en los casinos más elegantes del mundo


Pero como esto que les proponemos es un viaje en el tiempo, les recomendamos que antes de dejarse atrapar por el Strip y de dedicar la noche a entrar y salir de sus hoteles a lo largo de sus seis kilómetros de extensión, vayan a Fremont, al norte de a ciudad, a su segundo epicentro. En realidad Freemont era la zona primigenia de Las Vegas, donde nació realmente y aun sobreviven algunos de sus primeros casinos, como el Golden Nugget, y donde hoy todo sigue siendo más pequeño, menos lujoso y en realidad más auténtico e incluso festivo, con grupos de viajeros que se divierten tomando cerveza en la calle y con actuaciones gratuitas de música en directo y con el museo de la Mafia incluido.

Los casinos, y sus salas de juego, alrededor de las cuales orbita la ciudad, comienzan realmente a animarse a esas horas en las que la noche ha caído. Aunque siguen siendo las 'slot machines', las tragaperras, las reinas de la recaudación. Pero uno, si quiere, puede pasar por aquí sin haber perdido un solo dólar en estas salas. Lo mejor de este destino, de hecho, sigue siendo su inmensa oferta paralela. Ahí es dónde uno puede realmente sentirse como aquellos golfos amigos que acompañaban a Sinatra.
¿Qué casino debo escoger?
Esa
es una de las preguntas que más se hacen los nuevos viajeros. Entre los
80 casino que alberga esta ciudad, a cuál debemos ir a jugar. Lo que
todos los hoteles buscan es que los visitantes no se muevan de sus
instalaciones. Que allí donde nos alojemos juguemos también. En realidad
hay poca diferencia entre los casinos de los grandes hoteles (en el
Strip están 14 de los 25 hoteles con más habitaciones del mundo).
Pasear por las salas de juego del Venetian, el Caesars Palace o el Bellagio es pasear por el mismo escenario pero con diferente moqueta porque la mesas de juego ofrecen lo mismo. Otra cuestión es qué tipo de casino busquemos, si esos más lujosos (las apuestas mínimas son más altas y las bebidas más caras) de los hoteles más famosos u otros más baratos, donde puede tomarse cerveza por un dólar y realizar apuestas más bajas en las mesas.
En cualquier caso, es inevitable, y aconsejable, no quedarse solo en uno y moverse. Entrar y salir de estos mastodónticos hoteles y de sus desvaríos arquitectónicos, canales con góndolas incluidos. Así como entrar también en esos casinos del Strip menos elegantes o en los de Fremont, que son los primeros que se abrieron en la ciudad.
Pasear por las salas de juego del Venetian, el Caesars Palace o el Bellagio es pasear por el mismo escenario pero con diferente moqueta porque la mesas de juego ofrecen lo mismo. Otra cuestión es qué tipo de casino busquemos, si esos más lujosos (las apuestas mínimas son más altas y las bebidas más caras) de los hoteles más famosos u otros más baratos, donde puede tomarse cerveza por un dólar y realizar apuestas más bajas en las mesas.
En cualquier caso, es inevitable, y aconsejable, no quedarse solo en uno y moverse. Entrar y salir de estos mastodónticos hoteles y de sus desvaríos arquitectónicos, canales con góndolas incluidos. Así como entrar también en esos casinos del Strip menos elegantes o en los de Fremont, que son los primeros que se abrieron en la ciudad.

Continúe después con los cócteles de The Dorsey. Allí, junto al casino del Venetian, en sus sofás de piel, con su falsa chimenea y su librería, uno también se olvida de que lo que sucede fuera. O si quiere acompañar su copa con un puro, en el Montecristo Cigar Bar del Caesars, donde sus camareros presumen tanto de las 400 referencias para fumar como de una carta de whiskeys en la que disponen desde whisky de centeno canadiense a los mejores japoneses.

Así se ve en el Strip, ya de madrugada, cuando se escucha a un hombre chillar sobre una silla que quiere que los pecadores se arrepientan. “¡Jesús dice que tienes nacer de nuevo!”, lleva escrito en una gran pancarta que eleva sobre las cabezas de decenas de personas que cruzan junto a él sin siquiera mirarlo. Pero no sabe que se equivoca. Que su mensaje es incorrecto. En Las Vegas no se trata de nacer de nuevo, sino de no morir nunca.
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