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sábado, 31 de marzo de 2018

Mis blogs : es la última vez que lo explico, necesitareis lo que dejo escrito aqui y lo que hay en otros sitios de internet para los próximos años llenos de centenarios de la Segunda Guerra Mundial y lunas rojas. Lo que ahora os parece mucho despues se quedará corto, me ha pasado a mi y por eso lo sé. Es como el viaje de los hobbits, que bien se está en Bilbobolsón antes de salir de viaje, pero acordaros como fué el camino de la compañía luego.









Dato : a mi me da igual quien esté arriba siempre que no nos hagan daño a los de abajo que bastante tenemos ya.

Evento.



 Relato ( escrito literario ) - Evento - Hay una persona muy importante en otro pais que no es España que me dijo los últimos dias de febrero, el mes pasado, que como él iba a tener un evento muy importante en su vida me iba a trepanar a mi la cabeza antes de que llegara su evento personal. Yo intenté que él entendiera que él es de un estrato  social muy alto y yo solo tengo mi cerebro y  no es lógico que teniendo tanto como tiene se lleve partes de mi cerebro y cráneo como fetiche. Entonces me dijo que lo haría y además lo haria varios dias y no solo uno. La  trepanación ha sido en la parte de la cabeza encima de la frente del cuero cabelludo hacia atrás del tamaño de una moneda de 2 euros, y esta semana desde esa trepanación hacia atras me han quitado un prromontorio que sobresalia  y se han llevado mucha cabeza, subiré fotos para que compareis con las grabaciones anteriores. Me han dicho que quieren trepanar otras 2 veces, tengo miedo de no poder defenderme porque  me dejen sin raciocinio. Me rodea la gente que me ha hecho daño y que con lo de mi vida se ha puesto por encima de mi y estan intentando por el miedo que los acepte como protectores para hacer conmigo lo que quieran pero son los que me han quitado todo.  Pongo aqui lo que me pasa a modo de cuento porque es muy cruel lo que me hacen y si me dejan deficiente espero que alguien saque este caso a la luz. Como dato curioso creo que fué en 1995 cuando fuí a Salamanca, estará grabado, una vecina del pueblo donde fuí nos habló en la calle unos diez minutos, hora de 2 a 5 o 7 más o menos a los dos que estábamos de un chico del pueblo que se habia quedado tonto y habia que vigilarle para que no se hiciera daño y la que lo contaba me miraba a mi enfadada como si yo tuviera la culpa. Tengo miedo que esté pagando yo lo que yo no he hecho y no entiendo como en el cristianismo y Occidente con lo seguros que son a mi me pasa esto. Cuando pase mucho tiempo sin escribir lo que me hacen o decir que me va bien puede que sea porque me han dejado tan mal que ni me acuerdo del blog. ------------------- Creo que esto lo hacen por el hijo que yo tendría que haber tenido ya y que mi familia intentó controlar y quedarse el niño. Intentaron incapacitarme varias veces y eran todos ellos, familia de sangre y política de distintas generaciones los que han estado en tratamiento psicológico. Como yo tuve que vivir todo sola  tuve dos opciones, volverme loca o hacerme fuerte, me hice fuerte, podeis leer mis entradas de este año : Humo del calor, calor con humo o calor y punto, y sentimientos - no puedo volver a escribir asi porque me trepanan para decir que lo han escrito ellos. He pedido ayuda al obispado que tiene un psicólogo cristiano que estuvo atendiendo a mis hermanas en los 90, donde seguramente dijeron que la culpa de todo la tenia yo, y no me llaman, me dan largas, queria que me ayudaran a superar esta etapa de  mudanzas y asi no estar sola y que no me hagan daño pero no puede ser por lo visto. De esto del obispado es mejor no hablar pero hablo para que no me vengan con esa encerrona más adelante. El obispado pude estar tranquilo porque estas dos avispadas pudieran haber estado proyectando su resentiminto sobre mi persona mientras yo tuve que ser resiliente pero eso solo se ve ahora al final de todo esto. Creo que la familia tiene ideas raras y quieren los derechos de lo que yo escribo que lo dejo aqui gratis como el espino albar, gratis, ni fundaciones no lucrativas ni nada porque esto me está costando a mi la vida. Es lógico pensar que si he escrito fácilmente estos dos textos que son un mapa de la vida y un mapa mental para orientarse y no perder la felicidad en los malos momentos, entonces podré escribir otros textos los próximos 60 años. -------------------- Otro motivo es que no quiero los apellidos ni de mi padre legal el violador, hay pruebas, ni del biológico que me perseguia con sus dos hijos cuando yo tenia 8 años de edad y se reian de mi y el me señalaba y decia eso también es mio. No se que va a pasar pero si me matan o me condenan a la incapacidad  mental y la crueldad del violador o cualquier otra porqueria sin clase espero que alguien no deje impune todo esto.

Así se propaga un virus en un avión Los pasajeros sentados cerca del primer infectado son los más expuestos pero el vector más peligroso es la tripulación de cabina Miguel Ángel Criado 31 MAR 2018 - 09:54 CEST



Desinfección de un Tupolev Tu-154 durante unos ejercicios para frenar la propagación del virus del Zika en el aeropuerto de Vladivostok, Rusia. EPV - Quality
El 25 de abril de 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba de un brote en México de lo que entonces llamaron gripe porcina y pedía medidas para evitar su expansión internacional. Lo que no sabían entonces las autoridades sanitarias es que el virus (la gripe A H1N1) ya había llegado hasta Auckland, en Nueva Zelanda, a bordo de un avión. Ahora, un estudio ha modelado el riesgo que existe de que una enfermedad infecciosa se propague durante un vuelo. Aunque es baja, la probabilidad de infección aumenta cuanto más cerca del primer infectado o si este es un miembro de la tripulación.
Horas antes de que la OMS lanzara su alerta sobre la nueva gripe, había aterrizado en el aeropuerto de Auckland un Boeing 747 procedente de San Diego (EE UU). Entre sus casi 400 pasajeros regresaban una veintena de estudiantes que habían estado en el norte de México. nueve de ellos subieron al avión ya enfermos. 13 horas más tarde, otras cinco personas, quizá, ocho, bajaron enfermas del avión. En las siguientes semanas, más de 1.000 personas tuvieron que ser hospitalizadas y durante toda la pandemia, murieron 49 neozelandeses. Al acabar 2009, el 18% de la población de Nueva Zelanda habÍa estado expuesta al virus, es decir, llevaban anticuerpos contra esa cepa del H1N1.
No hay manera de saber si, en esos días, solo aquellos estudiantes llevaron la nueva gripe a Nueva Zelanda, pero sí "fueron los primeros casos de gripe pandémica conocidos en Nueva Zelanda", cuenta en un correo el epidemiólogo de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), Michael Baker. "Fueron detectados el 25 de abril de 2009, el mismo día en que la OMS declaró que el brote de la nueva pandemia A/H1N1 era una emergencia de salud pública de importancia internacional", añade.
Baker pudo hacer el seguimiento de los chicos y a un centenar de personas que se sentaron con ellos en la parte posterior del avión. Aquel seguimiento permitió comprobar que los pasajeros que se infectaron durante el vuelo estaban a no más dos filas de distancia de alguno de los estudiantes enfermos, ya fuera hacia adelante, hacia atrás o a los laterales. "La pandemia nos ofreció una oportunidad única para investigar el riesgo de transmisión de la gripe durante un vuelo. Al tratarse de un virus completamente nuevo en Nueva Zelanda, sabíamos que el único punto del que podía venir era de otros pasajeros de ese vuelo", escribía entonces el epidemiólogo neozelandés. "Tranquiliza saber que fueron pocas infecciones y solo se produjeron entre pasajeros que estaban cerca de las personas infectadas. Lo que sugiere que la transmisión se produjo más por gotitas expulsadas al toser o estornudar que mediante minúsculos aerosoles dispersados a través del sistema de aire acondicionado del avión", añade.
El virus H1N1 llegó a Nueva Zelanda con un grupo de estudiantes que contagiaron a varias personas en el avión
Esta cercanía a los primeros infectados se conoce con la norma de las dos filas y ha sido comprobada en otros casos de infecciones en vuelo. Incluso la OMS y las autoridades de aviación civil la incluyen en sus guías para examinar y controlar a los pasajeros en caso de alertas de epidemia. Sin embargo, un grupo de matemáticos y sanitarios acaban de confirmar la norma pero con matices. Además de la posición en la que los pasajeros estaban sentados, hay que tener en cuenta todos sus movimientos y los de los tripulantes de cabina.
En el mayor experimento hecho hasta ahora sobre la posible propagación de virus en vuelo, los investigadores realizaron una decena de vuelos en aviones de línea regular. Partiendo desde Atlanta (EE UU), viajaron hasta varios destinos de la costa oeste de EE UU, San Diego, Los Ángeles, San Francisco o Portland, en viajes de ida y vuelta. En cada vuelo anotaron cada movimiento que hacían los pasajeros, si se levantaban a coger algo del portaequipajes, si iban al baño, si tocaban con sus manos el respaldo de los asientos...
"Las enfermedades respiratorias se propagan a menudo en las poblaciones mediante el contacto cercano", recuerda la profesora en la escuela de enfermería de la Universidad de Emory (EE UU) y principal autora del estudio, Vicky Hertzberg. "Queríamos determinar el número y duración de los contactos sociales entre pasajeros y tripulación", añade.
Las personas situadas dos filas por delante, por detrás o sentadas a los lados de un enfermo tienen un 80% de probabilidades de ser infectadas
Lo que han encontrado, publicado en la revista PNAS, es que, de los 1.540 pasajeros controlados, un 38% no se levantó de su asiento en todo el vuelo, otro 38% lo hizo una vez, un 13% dos veces y un 11% más de dos. De media, pasaron 5:25 minutos en movimiento. El destino principal de sus ideas y venidas fue el baño. También comprobaron que hay una relación entre la ubicación del asiento y la probabilidad de levantarse, lo que parece lógico: alrededor del 80% de los que tenían asiento de pasillo se levantaron, el 60% de los de en medio y solo cuatro de cada diez de los que se habían pedido ventanilla.
Aunque no era el primer objetivo de la investigación, los autores del estudio tomaron muestras de aire y de puntos clave de la cabina, como reposabrazos, mesitas plegables o la puerta del baño. A pesar de que la mayoría de los vuelos se produjeron en plena temporada de gripe, no detectaron ningún caso de infección y tampoco la presencia de alguno de los 18 tipos de virus respiratorios que buscaron en las muestras.
Basados en los patrones de conducta, los investigadores estimaron la probabilidad de contagio si uno de los pasajeros (situado virtualmente en el asiento 14 C) o un tripulante subieran al avión con gripe u otro virus respiratorio. Estimaron que la probabilidad de que un pasajero cualquiera se contagiara durante el vuelo era muy baja, cercana al 3%. Sin embargo, el porcentaje sube hasta el 80% si tenemos la mala pata de estar sentados una fila delante o detrás o a dos asientos laterales. La posición pierde fuerza como factor de riesgo si el primer infectado es un miembro de la tripulación. En ese caso, la clave es la cercanía con el tripulante, que puede infectar hasta a 4,6 personas por vuelo.
Un 'surfista'  infectó a varias personas de sarampión y obligó a vacunar a otras 70.000 tras coger cinco vuelos
"Los patrones de movimiento son esenciales y se producen miles de contactos cercanos", comenta el profesor de matemáticas de Georgia Tech (EE UU) y coautor del estudio, Howard Weiss. "Sin embargo, la cantidad total de tiempo que un pasajero sano pasa dentro del rango de un metro de un pasajero infectado es pequeña si no estás sentado a un metro de él", añade.
Los autores del estudio reconocen algunas limitaciones que podrían rebajar sus resultados. Por un lado, no hicieron el estudio con un enfermo confirmado ya en cada vuelo. Además, los vuelos duraron entre tres y cinco horas y media. La cosa cambiaría en un vuelo intercontinental. Pero el mayor problema es que hay virus que se transmiten sin necesidad de toser, por el aire y no es sencillo modelar el movimiento del aire dentro de una cabina durante un vuelo de varias horas. Todas estas limitaciones debilitan la ley de las dos filas.
Una peligrosa excepción a esa norma se produjo en junio de 2005. Un surfista brasileño que regresaba de una competición en las olas de Maldivas lo hizo infectado de sarampión, virus del que no estaba vacunado. Hasta llegar a casa y durante el periodo de incubación y capacidad de contagio tomó cinco aviones. Hasta seis personas con las que viajó acabaron infectadas. En uno de los vuelos, contagió a un adulto y a un niño, ambos no vacunados. Lo llamativo del caso es que ninguno de ellos cumplía la norma de las dos filas, se encontraban sentados más allá. Aunque la vacunación generalizada impidió que el brote fuera a más, unas 72.000 personas tuvieron que ser vacunadas en Brasil.
" Determinadas infecciones son más fáciles de transmitir que otras. Por ejemplo, el sarampión es muy contagioso y muchas personas podrían infectarse en el avión si no están vacunadas y hay alguien con sarampión en el mismo vuelo", comenta el experto en enfermedades contagiosas del Instituto de Investigación del Hospital General de Toronto (Canadá), Isaac Bogoch, que ha estudiado desde los riesgos de propagación de la peste desde Madagascar hasta la eficacia de los controles aplicados en los aeropuertos durante la epidemia de Ébola de 2014. "Existe el riesgo de infección del virus Ébola pero tendrían que tener un contacto muy cercano con el pasajero enfermo", recuerda. Son riesgos que hay que determinar. No en vano, son más de 3.000 millones de personas las que suben a un avión cada año.

Jerusalén, la eterna encrucijada Juan Carlos Sanz Corresponsal en Oriente Próximo





Visitantes junto al Muro de las Lamentaciones, uno de los grandes lugares sagrados del judaísmo. Ver fotogalería
Visitantes junto al Muro de las Lamentaciones, uno de los grandes lugares sagrados del judaísmo.

Judía laica, ultraortodoxa, árabe y cristiana, Jerusalén no es una sino sucesivas ciudades y, lo que es peor, enfrentadas. El fascinante curso de su historia y su cultura contrasta con su cruel devenir en manos de la política, la violencia y la desesperanza. La decisión de Donald Trump de reconocerla como capital de Israel no ha ayudado a apaciguar la vida en “la ciudad imposible”.


NO CREO QUE mi generación vaya a ver el fin del conflicto en Jerusalén, y menos aún tras la decisión de Donald Trump de reconocerla como capital de Israel”, asegura el historiador Meir Margalit mientras menea la cabeza en el Instituto Van Leer, un remanso de sosiego en el tráfago de la Ciudad Santa. “En Jerusalén existen tres narrativas superpuestas, pero hostiles, en un mismo espacio. Tres sistemas culturales que luchan por imponer su propia versión: el judío laico, el judío religioso y el árabe [palestino]”. Cada uno representa aproximadamente un tercio de sus cerca de 900.000 habitantes. La urbe se extiende hoy sobre 124 kilómetros cuadrados a ambos lados de la Línea Verde, una zona de separación sembrada de alambradas y barricadas que la dividió hace 70 años, cuando el recién fundado Estado de Israel se apoderó de la parte occidental, hasta 1967, en el vuelco histórico que supuso la guerra de los Seis Días. El Gobierno israelí sostiene que ha encarnado la capitalidad del pueblo judío durante 3.000 años y la del Estado hebreo desde 1948. Pero los palestinos reclaman la parte oriental de la urbe como capital de su futuro Estado.
Margalit (Buenos Aires, 1952) emigró a tiempo para combatir con 21 años en la guerra de Yom Kipur en el Sinaí antes de caerse del caballo de la derecha sionista que cabalgaba en Argentina y abrazar la fe de la izquierda pacifista israelí. Concejal durante 10 años en el Ayuntamiento de Jerusalén por el partido Meretz, es autor de Jerusalén, la ciudad imposible, una obra por la que acaba de recibir el premio de ensayo que concede la editorial española Catarata. “No es una, son varias ciudades. El término hebreo ‘Yerushalaim’ y el árabe ‘Urshalim’ son formaciones lingüísticas plurales, que deberían traducirse como los Jerusalenes”, explica, y pone como ejemplo los tres departamentos en que se divide el sistema escolar que pervive en la ciudad: el de educación normalizada (laica), el ultraortodoxo y el árabe. Cada uno tiene sus propios programas.


Judíos ortodoxos pasean por la Ciudad Vieja de Jerusalén. La urbe suma en torno a 900.000 habitantes. ver fotogalería
Judíos ortodoxos pasean por la Ciudad Vieja de Jerusalén. La urbe suma en torno a 900.000 habitantes.

Entre las callejuelas del barrio cristiano de la Ciudad Vieja, un portal que parece extraído de la era de los cruzados da paso al colegio del Pilar. En la azotea de la que hasta 1923 fue sede consular ondea la única bandera española izada dentro del recinto amurallado. Lo dirige la madre Marta Gallo (Burgos, 1944). “Jerusalén es un lugar agresivo”, avisa esta misionera de las Hijas del Calvario curtida en Zimbabue. “Durante los acuchillamientos de los últimos años he tenido que acompañar más de una vez a alguna niña pequeña hasta la puerta de Damasco; sus padres no podían franquear los retenes policiales”, relata casi como si se tratara de una anécdota.
La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1947 un plan de partición de la Palestina bajo mandato británico, recogido después en la resolución 181 del Consejo de Seguridad, que declaró Jerusalén corpus separatum bajo control internacional. Marta Gallo acude cada madrugada desde hace 16 años al rezo del cercano Santo Sepulcro. Luego abre las puertas del centro, en el que estudian dos centenares de alumnas cristianas y musulmanas de entre 4 y 18 años, casi todas con escasos recursos. “Aquí seguimos el programa oficial de la Autoridad Palestina, que nos facilita los libros de texto, pero también dependemos del Ministerio de Educación israelí, que nos ha obligado a instalar wifi en cada clase”, detalla.
Dos sistemas de transporte público discurren separados por las calles de cada sector urbano. A un tiro de piedra de la Ciudad Vieja y frente a la estación de autobuses del Este, la palestina cristiana Dolin Qaquish, de 22 años, llega jadeando a la cafetería del hotel Jerusalén. Viene desde una cárcel de la región del Negev, en el sur de Israel, donde ha visitado a su hermano mayor, que cumple 12 años de condena por herir a cuchilladas a dos israelíes ante la puerta de Damasco, el principal acceso al barrio histórico musulmán.

Desde que estalló la intifada de los cuchillos en 2015 han muerto unos 300 palestinos, 50 israelíes y 7 extranjeros. 
Una lágrima discurre en paralelo al piercing que le perfora la aleta izquierda de la nariz mientras narra su visita a la prisión del Negev. “La Ciudad Vieja se ha convertido en una zona militar”, censura, aludiendo a la reciente construcción de puestos permanentes para la policía de fronteras (cuerpo militarizado) en Bab al Amud, como los palestinos denominan a la puerta de Damasco. “Me he criado en la Ciudad Vieja y seguiré viviendo aquí, pero no hay razones para el optimismo. Puede que haya que esperar 100 años a que cambien las cosas”. Antes de graduarse en Periodismo en Ramala, sede administrativa de la Autoridad Palestina situada 20 kilómetros al norte de Jerusalén, Dolin Qaqish estudió desde los 6 hasta los 12 años en el colegio del Pilar de Jerusalén.
Tras el estallido en octubre de 2015 de la llamada Intifada de los cuchillos, una ola de violencia se ha cobrado la vida de medio centenar de israelíes, siete extranjeros y más de 300 palestinos, dos tercios de los cuales fueron abatidos por las fuerzas de seguridad al ser considerados atacantes. En la Ciudad Vieja, el “choque religioso y de civilizaciones se escenifica aún con más virulencia”, subraya Margalit. Después de más de dos décadas de trabajo social en la ciudad y de un decenio de actividad en la gestión municipal, contempla Jerusalén como una metrópoli “fragmentada por barreras étnicas, religiosas, identitarias, psicológicas…”. En definitiva, una “no ciudad” que se dirige hacia una “reacción explosiva”. Los 300.000 palestinos que la habitan carecen de ciudadanía en su ciudad natal. Desde 1967, 14.000 de ellos han sido privados del permiso de residencia por las autoridades israelíes.
La guerra de los Seis Días que libró el Ejército hebreo hace 50 años contra una coalición de Estados árabes se saldó con la ocupación de Jerusalén Este, incluidos los santos lugares de la Ciudad Vieja. En 1980, la Kneset (Parlamento) aprobó la anexión del sector oriental y de poblaciones anejas de Cisjordania a la “capital eterna, unida y permanente de Israel”. La comunidad internacional ha venido condenando desde entonces la medida unilateral como contraria a la ley internacional.


Entrada a la Ciudad Vieja por la puerta de Damasco (Bab al Amud para los palestinos). Situada en el noroeste de la población, es el principal acceso al barrio musulmán. ver fotogalería
Entrada a la Ciudad Vieja por la puerta de Damasco (Bab al Amud para los palestinos). Situada en el noroeste de la población, es el principal acceso al barrio musulmán.

La barrera construida por Israel en Cisjordania a partir de 2002, después del estallido de la Segunda Intifada, se plasma en el término municipal de Jerusalén en altos muros de hormigón que han excluido de hecho de la ciudad algunos de los núcleos palestinos que fueron anexionados. Miembros del actual Gobierno de Benjamín Netanyahu, considerado por muchos de sus detractores como el más derechista en la historia de Israel, plantean ahora la segregación de esos distritos por razones de seguridad. “Quieren sacárselos de encima”, traduce Margalit, para postergar un sorpasso demográfico palestino en la Ciudad Santa. Entre la incuria patente del Este y el aparente orden del Oeste median “dos mundos”, destaca el antiguo edil. “No hay sociedad multicultural posible ante la asimetría entre la comunidad israelí, hegemónica, y la palestina, subordinada”. En Abu Dis, Shuafat, o Kfar Aqab —en la tierra de nadie situada al otro lado del muro de separación—, viven más de 100.000 palestinos. Al atravesar el paredón de hormigón se penetra en una dimensión de abandono de toda noción de ciudad. No es ni judía ni árabe.
Extramuros, Enash Jubran, tendera de 33 años, vive con su marido y sus cuatro hijos en Kfar Aqab, en un piso con vistas al muro gris donde alguien ha pintado una puerta con la inscripción en inglés “Exit” (salida). No está lejos del paso de Qalandia, frontera en la principal vía que lleva desde Jerusalén a Ramala. Las lluvias de invierno han generado un mar de barro en torno a los bloques de 12 alturas construidos sin licencia. La basura flota en el fango.
Hace un año que se mudó con su familia desde el campo de refugiados de Shuafat, donde se crio en el seno de un clan palestino desplazado por el nacimiento del Estado hebreo en 1948. Posee la tarjeta de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, un carné de identidad israelí y paga las tasas locales del Ayuntamiento de Jerusalén aunque muchos creen que reside en Cisjordania. También le debe a un banco 250.000 sequels (unos 58.000 euros), algo más de la mitad de lo que cuesta su vivienda.

El conflicto se da entre proyectos antagónicos que niegan legitimidad al vecino por razones étnicas o religiosas 
“El Ejército nos ha notificado la próxima demolición del edificio después de meses de pleitos. Volveremos a ser refugiados otra vez”, explica con más tristeza que rabia. “Aunque llevamos toda la vida de mudanza, ya estamos hartos de sentirnos exiliados en nuestra propia ciudad. Yo soy de Jerusalén…”. Frente a su balcón, los obreros siguen construyendo nuevos bloques sin permiso para familias con vidas divididas por el muro. “Por el paso de Qalandia, son 40 minutos en coche hasta el centro, pero siempre hay problemas: a menudo tenemos que cerrar las ventanillas por los gases lacrimógenos. Es como vivir en otro país”, describe Enash Jubran a propósito de su trayecto cotidiano.
En Jerusalén, la ciudad imposible, Margalit intenta sintetizar el drama de esta urbe, el conflicto entre “proyectos antagónicos que en nombre de la pureza étnica, nacional o religiosa niegan la legitimidad del vecino”. Los palestinos se suelen dejar ver —en especial mujeres y jóvenes— por la zona occidental de Jerusalén cuando desciende el nivel de violencia, pero como observa el exconcejal, “solo circulan puntualmente por centros de trabajo, oficinas públicas o centros médicos y comerciales, en una suerte de ‘movilidad restringida”. Puede haber roce, pero apenas hay contacto, solo desconfianza.
Nacido en Lisboa hace 75 años en una familia judía melillense, José Benarroch abandonó la Universidad Complutense en 1969 para concluir los estudios de Derecho en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Revela que se lo recomendó el propio David Ben Gurión, fundador del Estado de Israel, cuando le invitó a la aliyá (inmigración). La Ley del Retorno israelí permite a un judío de cualquier parte del mundo establecerse en Israel y obtener automáticamente la ciudadanía. Lo recuerda en un concurrido restaurante del distrito de Baqa, cuyas elegantes casas, habitadas mayoritariamente por árabes hasta 1948, conforman ahora un vecindario de clase media judía.
“No cambio Jerusalén por ninguna otra ciudad del mundo”, asevera Benarroch, que pasó por el servicio diplomático israelí antes de dedicarse a la gestión universitaria. “Su espiritualidad única, su rico entorno intelectual… Aunque, desde luego, no viviría en Meah Shearim [el principal barrio ultraortodoxo], prefiero espacios más abiertos como este”, confiesa. “¿Para cuándo un Estado palestino?”, repite la pregunta que se le formula para poder meditar mejor una respuesta. “Existe un gran recelo entre la población israelí”, argumenta. “Tardará en llegar un futuro de armonía”.
Por lo general, resulta raro que un ciudadano judío atraviese la simbólica separación de la Línea Verde hacia los barrios palestinos, si bien más de 200.000 israelíes se han instalado en asentamientos en Jerusalén Este a partir de 1967. Colonos nacionalistas radicales viven ahora también en el barrio musulmán, e incluso en el cristiano, de la Ciudad Vieja, protegidos por guardaespaldas privados y por las fuerzas de seguridad, y en distritos históricos cercanos, como Silwán, una barriada al sur del recinto amurallado con aire de favela donde 450 colonos se han asentado entre 20.000 palestinos.


Panorámica de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén: una imagen emblemática para una urbe tan llena de historia y cultura como de problemas políticos. ver fotogalería
Panorámica de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén: una imagen emblemática para una urbe tan llena de historia y cultura como de problemas políticos.

Otro veterano conocedor de Jerusalén, el periodista y escritor barcelonés Eugenio García Gascón, afincado en la Ciudad Santa desde hace 27 años, coincide con el diagnóstico pesimista de Margalit. “Un espacio que se sustenta sobre las etnias, es decir, sobre la división de las comunidades, está condenado a no vivir en paz”, previene. Entre otras obras, es autor de dos dietarios sobre Jerusalén, el último publicado en 2017 bajo el título La derrota de Oriente (Libros del K.O.). “La existencia de cada grupo gira alrededor de sus creencias, sin mirar al bien común. Al contrario, miran más a lo que les separa como comunidades que a lo que les une”. Su respuesta llega tras un encuentro en la terraza del Café de París, situado frente a la sede de la residencia del primer ministro de Israel, en el distrito acomodado y mayoritariamente judío laico de Rehavia. En un gesto de reconciliación con la personalidad múltiple de una urbe en la que lleva media vida, García Gascón confiesa en su segundo dietario que ha regresado “sin resentimientos” al café del que desertó años atrás cuando se transformó en un local kosher, conforme al ritual judío.
Donald Trump ha anunciado el traslado de la Embajada de EE UU a Jerusalén coincidiendo con el 70º aniversario de la fundación del Estado de Israel, el próximo 14 de mayo. Hasta 13 países latinoamericanos llegaron a contar con representación diplomática en la parte occidental de la Ciudad Santa, pero todos acabaron trasladando sus legaciones a Tel Aviv después de la anexión de la zona oriental en 1980. Guatemala y otros Estados parecen dispuestos a seguir los pasos de Washington, en un cambio de paradigma que ha sido mayoritariamente condenado de nuevo en la ONU.
“La ciudad precisa una separación funcional, necesita ser dividida para poder estar unida algún día”, concluye Margalit mientras recoge sus papeles en una mesa de la biblioteca del Instituto Van Leer, por donde se asoma la línea vanguardista del edificio hacia un jardín próximo a la residencia del presidente del Estado. Cree que no vivirá para contarlo, pero el historiador predice que “la ocupación se acabará colapsando en una crisis política por la limitación que supone para la democracia de Israel y por la discriminación que impone a otro pueblo”. 

VISIONARIOS Miren Arzalluz, la vasca que conquistó la moda francesa Carmen Mañana









La historiadora Miren Arzalluz posa en los tejados del Museo de la Moda de París, del que ha sido nombrada directora el pasado enero.
La historiadora Miren Arzalluz posa en los tejados del Museo de la Moda de París, del que ha sido nombrada directora el pasado enero.

Historiadora y experta en política comparada, esta vasca se ha convertido en la primera extranjera en ponerse al frente del Museo de la Moda de París.





Vestida de negro riguroso, con los labios pintados de rojo y la melena platino, Miren Arzalluz (Bilbao, 1978) se mueve por las laberínticas buhardillas del Palais Galliera como una exhalación. Son sus oficinas desde que el pasado enero fuera nombrada directora del Museo de la Moda de París, quizá el más importante del mundo dentro de esta disciplina y, como apostilla la historiadora vasca, “un auténtico orgullo nacional”. Es la primera extranjera que capitanea la institución creada en 1977. Una española al frente de la joya de la corona de la moda francesa: todo un desafío al chovinismo galo.
Su nacionalidad no es lo único que resulta insólito. Tampoco es funcionaria y la mayor parte de los directores de museos públicos de este país pertenecen al cuerpo de conservadores del Estado, al que se accede por oposición. “Pasé un proceso de selección normal, con entrevistas y una evaluación de mi proyecto para el centro. Pero tengo que reconocer que fue una decisión valiente”, explica la ex responsable de colección y exposiciones del Museo Balenciaga de Getaria. Arzalluz, de 40 años, debutó el pasado mes de marzo en el Galliera con una retrospectiva dedicada al diseñador Martin Margiela, que cerrará sus puertas el 15 de julio y que por primera vez ha contado con la ­participación del enigmático creador, uno de los más influyentes del siglo XXI.


Miren Arzalluz, la vasca que conquistó la moda francesa

Aunque esta muestra ya estaba diseñada cuando llegó al cargo, para ella tiene un valor casi simbólico. “Resulta muy emocionante empezar mi andadura inaugurando una exposición dedicada a un maestro que en mi fuero interno siempre he tenido muy cerca de Balenciaga. Ambos son dos iconoclastas, personas que no ceden a la presión del sistema de la moda, que mantienen una distancia enorme con los medios, que se refugian en su oficio, que son de un perfeccionismo brutal. Ambos han tenido la suerte de ser testigos en vida de su propio éxito, del reconocimiento de sus colegas y de su influencia en la generación posterior. De repente, todo encaja. Es una bonita transición”.
A Arzalluz le corresponde el poco envidiable privilegio de suceder a Olivier Saillard, el hombre que dio al Galliera relevancia internacional y que convirtió sus exposiciones en eventos imprescindibles tanto para la ciudad de París como para la industria del lujo. “Hay un antes y un después de él en el comisariado de moda. Ha explorado nuevas formas de atraer al público y de difundir la historia de la moda más allá de las fórmulas tradicionales”, sentencia. Una de las que más valora son las performances que realizó durante años con la oscarizada Tilda Swinton. En Cloakroom (El guardarropa), por ejemplo, la actriz británica recibía prendas reales del público, interactuaba con ellas —probándoselas sensualmente o convirtiéndolas en un nido sobre el que depositaba una castaña o un nota manuscrita—, para devolvérselas finalmente a sus propietarios.
“Al mostrar sobre un maniquí ropa que ha sido diseñada para ser admirada en movimiento, se pierde parte de su esencia. Pero la experiencia del que observa es completamente distinta cuando, gracias a estas acciones artísticas, esa creación vuelve a la vida”. En opinión de Arzalluz, la gestión de Saillard en el Galliera durante los últimos siete años es intachable: “El que piensa que algo comienza con él, que lo de antes no sirve, no solo está equivocado, sino que también está apostando por una mala estrategia”. Saillard, con el que colaboró como comisaria asociada e investigadora freelance, le ha dejado en herencia unos cuantos consejos que prefiere no compartir, un importante legado que conservar y un gran reto: dotar al museo de una colección permanente. “Debemos tener la habilidad de hacerla tan rigurosa como atractiva, y que sea capaz de interesar al público tanto la primera vez que la visite como la tercera”. A este desafío se suma otro: los fondos textiles nunca son realmente permanentes. “Por motivos de conservación, las piezas deben rotar cada seis meses sin modificar o modificando lo menos posible el discurso para no vernos obligados cambiar la museografía”.

“Perdernos en si la moda puede compararse o no con la obra de Picasso es una polémica que no me interesa”
Otro de sus principales desafíos es ampliar el público del Galliera. Pese al éxito que han alcanzado las últimas muestras del centro —dedicadas a los trajes regionales españoles, a Balenciaga y a la diva francesa Dalida— y al creciente número de visitantes que acuden a las exposiciones de moda que se multi­plican en los museo de arte —de Givenchy en el Thyssen a Comme des Garçons en el MET—, Arzalluz considera que aún queda mucho por hacer. “Es cierto que la irrupción de la moda en el mundo museístico ha tenido mejor aceptación por parte del público que de la crítica. Pero todavía hay muchos que consideran la moda algo frívolo; otros, algo lejano o elitista”, argumenta.
Si es arte o si tiene suficiente entidad para ocupar las paredes de centros no especializados y pinacotecas, es una controversia que la comisaria considera tan estéril como anacrónica. “La moda tiene muchas cosas que contar sobre nuestra historia, nuestra sociedad y sobre nosotros mismos. Es un fenómeno complejo e interesante, que se puede abordar de cientos de formas. ¿Hay determinadas prendas, creaciones de diseñadores concretos, objetos textiles que pueden ser considerados una expresión artística? Por supuesto que sí. ¿Tiene un componente creativo innegable? También. Perdernos en si puede compararse o no a una obra de Picasso es una polémica que no me interesa”. Aunque Arzalluz está bregada en el combate dialéctico y la gestión de crisis.
Después de estudiar Historia en su Bilbao natal, se trasladó a Londres para trabajar en la London School of Economics (LSE), donde terminó cursando un máster en Política Comparada. “Me apasiona personal e intelectualmente [su padre es el expresidente del Partido Nacionalista Vasco Xabier Arzalluz]. Pero sentía que no era mi camino. Frente a mi escuela estaba el Courtauld Institute of Arts: una institución mítica dedicada exclusivamente al estudio del arte. Una de las especialidades era Historia del Vestido. Empecé a ver los temas y me atrapó, fue amor a primera vista. Solicité una plaza, pero me decía que no me iban a aceptar porque eran clases muy reducidas con una fuerte competencia internacional”. Pero lo hicieron. Pidió un crédito y dejó a Adam Smith y John Locke por Fortuny y Poiret. “La cara de mis profesores de la LSE cuando les dije que iba a hacer Historia de la Moda no tiene precio. Pensaban que estaba tirando mi futuro por la borda”, recuerda entre risas. En su casa, dice, solo recibió apoyo. “No me arrepiento. Viví un periodo fascinante: la época de la Tercera Vía de Tony Blair, el europeísmo británico. Organizamos reuniones con Kofi Annan, Bill Clinton, el lehendakari Ibarretxe hizo la presentación internacional de su plan cuando estaba yo allí…”.


Un rincón del Palais Galliera. En la página siguiente, otro retrato de Arzalluz,  que afronta el reto de dotar al museo parisiense de una colección permanente.
Un rincón del Palais Galliera. En la página siguiente, otro retrato de Arzalluz, que afronta el reto de dotar al museo parisiense de una colección permanente.

Arzalluz asegura que esta experiencia ha sido fundamental en su carrera como historiadora de la moda. “Me ha ayudado a comprender determinados aspectos sociales, económicos y políticos de la moda y ha enriquecido mi visión como investigadora. Creo que no podría ­hacer los análisis que realizo si no tuviera esa formación”. Más allá del aspecto teórico y académico, la política comparada ha demostrado tener su utilidad en la práctica. Tras su paso por el Victoria & Albert Museum de Londres, Arzalluz fue nombrada directora del Museo Balenciaga de Getaria, un ambicioso proyecto financiado por distintas Administraciones vascas, que se inauguró en 2011. Dos años después, la comisaria y otros miembros del centro abandonaban abruptamente el proyecto. El exalcalde de Getaria y uno de los principales promotores del Museo, Mariano Camio (PNV), había sido acusado unos meses antes junto a su pareja, el arquitecto cubano Julián Argilagos, de administración desleal y apropiación indebida de fondos públicos. El juicio contra ambos se reanudará este mes de abril con la probable ausencia de Argilagos, en paradero desconocido. “Aquello fue una escuela, me curtí como comisaria y participé en la puesta en marcha de un nuevo museo con todas las dificultades que ello conlleva. De todo se aprende, de lo malo también. Nos dejamos en ese proyecto la piel e hicimos un museo que ahí está, dedicado al maestro, que se lo merece todo”, sentencia.
Lejos de Getaria se siente libre del peso de aquel episodio y de su apellido. “Estoy en otro lugar y otro país, donde mi padre no es una persona conocida. Quien quiera seguir insistiendo en esas cuestiones es muy libre de hacerlo. En todo caso, estar en el Galliera es también una satisfacción porque significa una libertad definitiva. Ahora que voy a cumplir 40 años me siento ajena a ese tipo de lastres por fin”. 


Sciammarella

Relato ( escrito literario ) el señor Zuria que conocí en 2001 y no volvi a ver más acaba de amenazarme. Me ha dicho que va a hacerm igual lo que tenia pensado hacerme. Hace 20 años de esto y este tio no se va, algo raro pasa por el levante porque esto no es normal, supongo que de esto me fuí huyendo en 2011.

Relato ( escrito literario ) : 12:26 del mediodia - pitas de abAjo maridmadr, le ha dicho al señor que ya ha encontrado el trozo de cerebro que quieren extirparme para controlar alguna funcion de mi cuerpo o para quitarme alguna capacidad mental como negarme a admitir algo que vaya contra mis derechos fundamentales como dejarme prostituir por ejemplo. Menos mal que con todos los años que tengo se puede comprobar mi comportamiento antes y despues de las trepanaciones, por eso pido que me maten si me ven en una situación que no es normal en mi ni en lo que escribo en mis blogs.

Hoy Sabado de Gloria de Semana Santa 208 he escuchado misa sacra.


La Biblia : Filemón.

viernes, 30 de marzo de 2018

Me llamó el abogado el miércoles para acabar con esto de la venta pero no oí el teléfono y el jueves era puente. Le llamaré el lunes o me llamará él y me dirá como esta todo. En realidad yo quise librarme de todo esto en 2012 o 2013, quise deshacerme de ello pagando yo las escrituras para quitármelo de encima, hasta con el Vaticano hablé para quitármelo de encima, porque yo tenia la vida por delante y un erasmus recien cursado. Lo hablé por teléfono con mi abogado y con la abogada de la comunidad. Una de las llamadas fué delante del Azkuna Zentroa, la Alhóndiga, asi que tiene que estar grabado por sus cámaras. Me interesa que con lo de cerrar esto pueda pagar las deudas que tiene porque yo no tengo deudas a dia de hoy y que siga asi porque a veces lo paso mal, y palo de hacienda el año que viene y que no me coja sin dinero, y trabajar y dejar todo esto atras. Espero que no me maten para cobrar esta mierda y la indemnización del seguro de vida de la Visa. No me gusta contar estar cosas, pero despues de perder el erasmus, las lunas rojas, la licenciatura con la tesis sin aprobar, y estos 6 años, y el sermon de la pantalla que son mis blogs con miles de entradas que empecé despues del erasmus para defender mi vida profesional y mi vida misma que senti amenazada, me han amenazado, pero no ha sido la parte contraria, ha sido gente de aqui que se dedica a condenar mujeres en la sociedad para vivir de ellas, es cultura vieja de la posguerra que no deberia seguir estando, de la España profunda de las películas de Berlanga, pero como yo estoy sola y ellos tienen 70 años, la vida hecha y la jubilación asegurada pues me lo hacen porque pueden y para mi es difícil denunciarlo. Dicen que me va a salir muy caro, como si no me hubiera salido muy caro ya y no se hubieran llevado de mi vida de todo. Para ser justos cuando te defiendes se apartan y entonces vienen ciertas mujeres de 60 a 70 años, alguna incluso funcionaria, profesores de secundaria, a decir que no me voy a librar, asi que estaré mucho tiempo sin hacer nada, solo trabajar para vivir y cotizar seguridad social. No os lo perdais porque esta gente me cosificó desde niña y esto es para verlo mientras se pueda. Mirar solo, hay que dejar que las cosas pasen. Luego sino no os quejeis. Juzgue el mundo Occidental.