Relato (
escrito literario ) - Evento - Hay una persona muy importante
en otro pais que no es España que me dijo los últimos dias de febrero,
el mes pasado, que como él iba a tener un evento muy importante en su
vida me iba a trepanar a mi la cabeza antes de que llegara su evento
personal. Yo intenté que él entendiera que él es de un estrato social
muy alto y yo solo tengo mi cerebro y no es lógico que teniendo tanto
como tiene se lleve partes de mi cerebro y cráneo como fetiche. Entonces
me dijo que lo haría y además lo haria varios dias y no solo uno. La
trepanación ha sido en la parte de la cabeza encima de la frente del
cuero cabelludo hacia atrás del tamaño de una moneda de 2 euros, y esta
semana desde esa trepanación hacia atras me han quitado un prromontorio
que sobresalia y se han llevado mucha cabeza, subiré fotos para que
compareis con las grabaciones anteriores. Me han dicho que quieren
trepanar otras 2 veces, tengo miedo de no poder defenderme porque me
dejen sin raciocinio. Me rodea la gente que me ha hecho daño y que con
lo de mi vida se ha puesto por encima de mi y estan intentando por el
miedo que los acepte como protectores para hacer conmigo lo que quieran
pero son los que me han quitado todo. Pongo aqui lo que me pasa a modo
de cuento porque es muy cruel lo que me hacen y si me dejan deficiente
espero que alguien saque este caso a la luz. Como dato curioso creo que
fué en 1995 cuando fuí a Salamanca, estará grabado, una vecina del
pueblo
donde fuí nos habló en la calle unos diez minutos, hora de 2 a 5 o 7 más
o menos a los dos que estábamos de un chico del pueblo que
se habia quedado tonto y habia que vigilarle para que no se hiciera daño
y la que lo contaba me miraba a mi enfadada como si yo tuviera la
culpa. Tengo miedo que esté pagando yo lo que yo no he hecho y no
entiendo como en el cristianismo y Occidente con lo seguros que son a mi
me pasa esto. Cuando pase mucho tiempo sin escribir lo que me hacen o
decir que me va bien puede que sea porque me han dejado tan mal que ni
me acuerdo del blog. ------------------- Creo que esto lo hacen por el
hijo que yo tendría que haber tenido ya y que mi familia intentó
controlar y quedarse el niño. Intentaron incapacitarme varias veces y
eran todos ellos, familia de sangre y política de distintas generaciones
los que han estado en tratamiento psicológico. Como yo tuve que vivir
todo sola tuve dos opciones, volverme loca o hacerme fuerte, me hice
fuerte, podeis leer mis entradas de este año : Humo del calor, calor con humo o calor y punto, y sentimientos
- no puedo volver a escribir asi
porque me trepanan para decir que lo han escrito ellos. He pedido ayuda
al obispado que tiene un psicólogo cristiano que estuvo atendiendo a mis
hermanas en los 90, donde seguramente dijeron que la culpa de todo la
tenia yo, y no me llaman, me dan largas, queria que me ayudaran a
superar esta etapa de mudanzas y asi no estar sola y que no me hagan
daño pero no puede ser por lo visto. De esto del obispado es mejor no
hablar pero hablo para que no me vengan con esa encerrona más adelante. El obispado pude estar tranquilo porque estas dos avispadas pudieran haber estado proyectando su resentiminto sobre mi persona mientras yo tuve que ser resiliente pero eso solo se ve ahora al final de todo esto. Creo que la familia tiene ideas
raras y quieren los derechos de lo que yo escribo que lo dejo aqui
gratis como el espino albar, gratis, ni fundaciones no lucrativas ni
nada porque esto me está costando a mi la vida. Es lógico pensar que si
he escrito fácilmente estos dos textos que son un mapa de la vida y un
mapa mental para orientarse y no perder la felicidad en los malos
momentos, entonces podré escribir otros textos los próximos 60 años. --------------------
Otro motivo es que no quiero los apellidos ni de mi padre legal el
violador, hay pruebas, ni del biológico que me perseguia con sus dos
hijos cuando yo tenia 8 años de edad y se reian de mi y el me señalaba y
decia eso también es mio. No se que va a pasar pero si me matan o me
condenan a la incapacidad mental y la crueldad del violador o cualquier
otra porqueria sin clase espero que alguien no deje impune todo esto.
Desinfección
de un Tupolev Tu-154 durante unos ejercicios para frenar la propagación
del virus del Zika en el aeropuerto de Vladivostok, Rusia.Yuri Smityuk (TASS)EPV - Quality
El 25 de abril de 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba de un brote en México de lo que entonces llamaron gripe porcina y pedía medidas para evitar su expansión internacional. Lo que no sabían entonces las autoridades sanitarias es que el virus (la gripe A H1N1)
ya había llegado hasta Auckland, en Nueva Zelanda, a bordo de un avión.
Ahora, un estudio ha modelado el riesgo que existe de que una
enfermedad infecciosa se propague durante un vuelo. Aunque es baja, la
probabilidad de infección aumenta cuanto más cerca del primer infectado o
si este es un miembro de la tripulación.
Horas
antes de que la OMS lanzara su alerta sobre la nueva gripe, había
aterrizado en el aeropuerto de Auckland un Boeing 747 procedente de San
Diego (EE UU). Entre sus casi 400 pasajeros regresaban una veintena de
estudiantes que habían estado en el norte de México. nueve de ellos
subieron al avión ya enfermos. 13 horas más tarde, otras cinco personas,
quizá, ocho, bajaron enfermas del avión. En las siguientes semanas, más
de 1.000 personas tuvieron que ser hospitalizadas y durante toda la
pandemia, murieron 49 neozelandeses. Al acabar 2009, el 18% de la
población de Nueva Zelanda habÍa estado expuesta al virus, es decir,
llevaban anticuerpos contra esa cepa del H1N1.
No hay manera de saber si, en esos días, solo aquellos
estudiantes llevaron la nueva gripe a Nueva Zelanda, pero sí "fueron los
primeros casos de gripe pandémica conocidos en Nueva Zelanda", cuenta
en un correo el epidemiólogo de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda),
Michael Baker. "Fueron detectados el 25 de abril de 2009, el mismo día
en que la OMS declaró que el brote de la nueva pandemia A/H1N1 era una
emergencia de salud pública de importancia internacional", añade.
Baker pudo hacer el seguimiento de los chicos y a un
centenar de personas que se sentaron con ellos en la parte posterior del
avión. Aquel seguimiento permitió comprobar que los pasajeros que se
infectaron durante el vuelo estaban a no más dos filas de distancia de alguno de los estudiantes enfermos,
ya fuera hacia adelante, hacia atrás o a los laterales. "La pandemia
nos ofreció una oportunidad única para investigar el riesgo de
transmisión de la gripe durante un vuelo. Al tratarse de un virus
completamente nuevo en Nueva Zelanda, sabíamos que el único punto del
que podía venir era de otros pasajeros de ese vuelo", escribía entonces
el epidemiólogo neozelandés. "Tranquiliza saber que fueron pocas
infecciones y solo se produjeron entre pasajeros que estaban cerca de
las personas infectadas. Lo que sugiere que la transmisión se produjo
más por gotitas expulsadas al toser o estornudar que mediante minúsculos
aerosoles dispersados a través del sistema de aire acondicionado del
avión", añade.
El virus H1N1 llegó a Nueva Zelanda con un grupo de estudiantes que contagiaron a varias personas en el avión
Esta cercanía a los primeros infectados se conoce con la norma de las dos filas
y ha sido comprobada en otros casos de infecciones en vuelo. Incluso la
OMS y las autoridades de aviación civil la incluyen en sus guías para
examinar y controlar a los pasajeros en caso de alertas de epidemia.
Sin embargo, un grupo de matemáticos y sanitarios acaban de confirmar
la norma pero con matices. Además de la posición en la que los pasajeros
estaban sentados, hay que tener en cuenta todos sus movimientos y los
de los tripulantes de cabina.
En el mayor experimento hecho hasta ahora sobre la posible
propagación de virus en vuelo, los investigadores realizaron una decena
de vuelos en aviones de línea regular. Partiendo desde Atlanta (EE UU),
viajaron hasta varios destinos de la costa oeste de EE UU, San Diego,
Los Ángeles, San Francisco o Portland, en viajes de ida y vuelta. En
cada vuelo anotaron cada movimiento que hacían los pasajeros, si se
levantaban a coger algo del portaequipajes, si iban al baño, si tocaban
con sus manos el respaldo de los asientos...
"Las enfermedades respiratorias se propagan a menudo en las
poblaciones mediante el contacto cercano", recuerda la profesora en la
escuela de enfermería de la Universidad de Emory (EE UU) y principal
autora del estudio, Vicky Hertzberg. "Queríamos determinar el número y
duración de los contactos sociales entre pasajeros y tripulación",
añade.
Las personas situadas dos filas por delante, por
detrás o sentadas a los lados de un enfermo tienen un 80% de
probabilidades de ser infectadas
Lo que han encontrado, publicado en la revista PNAS,
es que, de los 1.540 pasajeros controlados, un 38% no se levantó de su
asiento en todo el vuelo, otro 38% lo hizo una vez, un 13% dos veces y
un 11% más de dos. De media, pasaron 5:25 minutos en movimiento. El
destino principal de sus ideas y venidas fue el baño. También
comprobaron que hay una relación entre la ubicación del asiento y la
probabilidad de levantarse, lo que parece lógico: alrededor del 80% de
los que tenían asiento de pasillo se levantaron, el 60% de los de en
medio y solo cuatro de cada diez de los que se habían pedido ventanilla.
Aunque no era el primer objetivo de la investigación, los
autores del estudio tomaron muestras de aire y de puntos clave de la
cabina, como reposabrazos, mesitas plegables o la puerta del baño. A
pesar de que la mayoría de los vuelos se produjeron en plena temporada
de gripe, no detectaron ningún caso de infección y tampoco la presencia
de alguno de los 18 tipos de virus respiratorios que buscaron en las
muestras.
Basados en los patrones de conducta, los investigadores
estimaron la probabilidad de contagio si uno de los pasajeros (situado
virtualmente en el asiento 14 C) o un tripulante subieran al avión con
gripe u otro virus respiratorio. Estimaron que la probabilidad de que un
pasajero cualquiera se contagiara durante el vuelo era muy baja,
cercana al 3%. Sin embargo, el porcentaje sube hasta el 80% si tenemos
la mala pata de estar sentados una fila delante o detrás o a dos
asientos laterales. La posición pierde fuerza como factor de riesgo si
el primer infectado es un miembro de la tripulación. En ese caso, la
clave es la cercanía con el tripulante, que puede infectar hasta a 4,6
personas por vuelo.
Un 'surfista' infectó a varias personas de sarampión y obligó a vacunar a otras 70.000 tras coger cinco vuelos
"Los patrones de movimiento son esenciales y se producen
miles de contactos cercanos", comenta el profesor de matemáticas de
Georgia Tech (EE UU) y coautor del estudio, Howard Weiss.
"Sin embargo, la cantidad total de tiempo que un pasajero sano pasa
dentro del rango de un metro de un pasajero infectado es pequeña si no
estás sentado a un metro de él", añade.
Los autores del estudio reconocen algunas limitaciones que
podrían rebajar sus resultados. Por un lado, no hicieron el estudio con
un enfermo confirmado ya en cada vuelo. Además, los vuelos duraron entre
tres y cinco horas y media. La cosa cambiaría en un vuelo
intercontinental. Pero el mayor problema es que hay virus que se
transmiten sin necesidad de toser, por el aire y no es sencillo modelar
el movimiento del aire dentro de una cabina durante un vuelo de varias
horas. Todas estas limitaciones debilitan la ley de las dos filas.
Una peligrosa excepción a esa norma se produjo en junio de
2005. Un surfista brasileño que regresaba de una competición en las olas
de Maldivas lo hizo infectado de sarampión, virus del que no estaba
vacunado. Hasta llegar a casa y durante el periodo de incubación y
capacidad de contagio tomó cinco aviones. Hasta seis personas con las
que viajó acabaron infectadas. En uno de los vuelos, contagió a un
adulto y a un niño, ambos no vacunados. Lo llamativo del caso es que
ninguno de ellos cumplía la norma de las dos filas, se encontraban
sentados más allá. Aunque la vacunación generalizada impidió que el
brote fuera a más, unas 72.000 personas tuvieron que ser vacunadas en Brasil.
" Determinadas infecciones son más fáciles de transmitir que
otras. Por ejemplo, el sarampión es muy contagioso y muchas personas
podrían infectarse en el avión si no están vacunadas y hay alguien con
sarampión en el mismo vuelo", comenta el experto en enfermedades
contagiosas del Instituto de Investigación del Hospital General de
Toronto (Canadá), Isaac Bogoch,
que ha estudiado desde los riesgos de propagación de la peste desde
Madagascar hasta la eficacia de los controles aplicados en los
aeropuertos durante la epidemia de Ébola de 2014.
"Existe el riesgo de infección del virus Ébola pero tendrían que tener
un contacto muy cercano con el pasajero enfermo", recuerda. Son riesgos
que hay que determinar. No en vano, son más de 3.000 millones de
personas las que suben a un avión cada año.
Ver fotogaleríaVisitantes junto al Muro de las Lamentaciones, uno de los grandes lugares sagrados del judaísmo.Paolo Pellegrin
Judía laica, ultraortodoxa, árabe y cristiana, Jerusalén no es una
sino sucesivas ciudades y, lo que es peor, enfrentadas. El fascinante
curso de su historia y su cultura contrasta con su cruel devenir en
manos de la política, la violencia y la desesperanza. La decisión de
Donald Trump de reconocerla como capital de Israel no ha ayudado a
apaciguar la vida en “la ciudad imposible”.
NO CREO QUE mi generación vaya a ver el fin del conflicto en Jerusalén, y menos aún tras la decisión de Donald Trump de reconocerla como capital de Israel”,
asegura el historiador Meir Margalit mientras menea la cabeza en el
Instituto Van Leer, un remanso de sosiego en el tráfago de la Ciudad
Santa. “En Jerusalén existen tres narrativas superpuestas, pero
hostiles, en un mismo espacio. Tres sistemas culturales que luchan por
imponer su propia versión: el judío laico, el judío religioso y el árabe
[palestino]”. Cada uno representa aproximadamente un tercio de sus
cerca de 900.000 habitantes. La urbe se extiende hoy sobre 124
kilómetros cuadrados a ambos lados de la Línea Verde, una zona de
separación sembrada de alambradas y barricadas que la dividió hace 70
años, cuando el recién fundado Estado de Israel se apoderó de la parte
occidental, hasta 1967, en el vuelco histórico que supuso la guerra de
los Seis Días. El Gobierno israelí sostiene que ha encarnado la
capitalidad del pueblo judío durante 3.000 años y la del Estado hebreo
desde 1948. Pero los palestinos reclaman la parte oriental de la urbe
como capital de su futuro Estado.
Margalit
(Buenos Aires, 1952) emigró a tiempo para combatir con 21 años en la
guerra de Yom Kipur en el Sinaí antes de caerse del caballo de la
derecha sionista que cabalgaba en Argentina y abrazar la fe de la
izquierda pacifista israelí. Concejal durante 10 años en el Ayuntamiento
de Jerusalén por el partido Meretz, es autor de Jerusalén, la ciudad imposible,
una obra por la que acaba de recibir el premio de ensayo que concede la
editorial española Catarata. “No es una, son varias ciudades. El
término hebreo ‘Yerushalaim’ y el árabe ‘Urshalim’ son formaciones
lingüísticas plurales, que deberían traducirse como los Jerusalenes”,
explica, y pone como ejemplo los tres departamentos en que se divide el
sistema escolar que pervive en la ciudad: el de educación normalizada
(laica), el ultraortodoxo y el árabe. Cada uno tiene sus propios
programas.
ver fotogaleríaJudíos ortodoxos pasean por la Ciudad Vieja de Jerusalén. La urbe suma en torno a 900.000 habitantes.Paolo Pellegrin
Entre las callejuelas del barrio cristiano de la Ciudad
Vieja, un portal que parece extraído de la era de los cruzados da paso
al colegio del Pilar. En la azotea de la que hasta 1923 fue sede
consular ondea la única bandera española izada dentro del recinto
amurallado. Lo dirige la madre Marta Gallo (Burgos, 1944). “Jerusalén es
un lugar agresivo”, avisa esta misionera de las Hijas del Calvario
curtida en Zimbabue. “Durante los acuchillamientos de los últimos años
he tenido que acompañar más de una vez a alguna niña pequeña hasta la
puerta de Damasco; sus padres no podían franquear los retenes
policiales”, relata casi como si se tratara de una anécdota.
La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1947 un plan de partición de la Palestina bajo mandato británico, recogido después en la resolución 181 del Consejo de Seguridad, que declaró Jerusalén corpus separatum
bajo control internacional. Marta Gallo acude cada madrugada desde hace
16 años al rezo del cercano Santo Sepulcro. Luego abre las puertas del
centro, en el que estudian dos centenares de alumnas cristianas y
musulmanas de entre 4 y 18 años, casi todas con escasos recursos. “Aquí
seguimos el programa oficial de la Autoridad Palestina, que nos facilita
los libros de texto, pero también dependemos del Ministerio de
Educación israelí, que nos ha obligado a instalar wifi en cada clase”,
detalla.
Dos sistemas de transporte público discurren separados por
las calles de cada sector urbano. A un tiro de piedra de la Ciudad Vieja
y frente a la estación de autobuses del Este, la palestina cristiana
Dolin Qaquish, de 22 años, llega jadeando a la cafetería del hotel
Jerusalén. Viene desde una cárcel de la región del Negev, en el sur de
Israel, donde ha visitado a su hermano mayor, que cumple 12 años de
condena por herir a cuchilladas a dos israelíes ante la puerta de
Damasco, el principal acceso al barrio histórico musulmán.
Desde que estalló la intifada de los cuchillos en 2015 han muerto unos 300 palestinos, 50 israelíes y 7 extranjeros.
Una lágrima discurre en paralelo al piercing que le
perfora la aleta izquierda de la nariz mientras narra su visita a la
prisión del Negev. “La Ciudad Vieja se ha convertido en una zona
militar”, censura, aludiendo a la reciente construcción de puestos
permanentes para la policía de fronteras (cuerpo militarizado) en Bab al
Amud, como los palestinos denominan a la puerta de Damasco. “Me he
criado en la Ciudad Vieja y seguiré viviendo aquí, pero no hay razones
para el optimismo. Puede que haya que esperar 100 años a que cambien las
cosas”. Antes de graduarse en Periodismo en Ramala, sede administrativa
de la Autoridad Palestina situada 20 kilómetros al norte de Jerusalén,
Dolin Qaqish estudió desde los 6 hasta los 12 años en el colegio del
Pilar de Jerusalén.
Tras el estallido en octubre de 2015 de la llamada Intifada de los cuchillos,
una ola de violencia se ha cobrado la vida de medio centenar de
israelíes, siete extranjeros y más de 300 palestinos, dos tercios de los
cuales fueron abatidos por las fuerzas de seguridad al ser considerados
atacantes. En la Ciudad Vieja, el “choque religioso y de civilizaciones
se escenifica aún con más virulencia”, subraya Margalit. Después de más
de dos décadas de trabajo social en la ciudad y de un decenio de
actividad en la gestión municipal, contempla Jerusalén como una
metrópoli “fragmentada por barreras étnicas, religiosas, identitarias,
psicológicas…”. En definitiva, una “no ciudad” que se dirige hacia una
“reacción explosiva”. Los 300.000 palestinos que la habitan carecen de
ciudadanía en su ciudad natal. Desde 1967, 14.000 de ellos han sido
privados del permiso de residencia por las autoridades israelíes.
La guerra de los Seis Días que libró el Ejército hebreo hace
50 años contra una coalición de Estados árabes se saldó con la
ocupación de Jerusalén Este, incluidos los santos lugares de la Ciudad
Vieja. En 1980, la Kneset (Parlamento) aprobó la anexión del sector
oriental y de poblaciones anejas de Cisjordania a la “capital eterna,
unida y permanente de Israel”. La comunidad internacional ha venido
condenando desde entonces la medida unilateral como contraria a la ley
internacional.
ver fotogaleríaEntrada
a la Ciudad Vieja por la puerta de Damasco (Bab al Amud para los
palestinos). Situada en el noroeste de la población, es el principal
acceso al barrio musulmán.Paolo Pellegrin
La barrera construida por Israel en Cisjordania a partir de
2002, después del estallido de la Segunda Intifada, se plasma en el
término municipal de Jerusalén en altos muros de hormigón que han
excluido de hecho de la ciudad algunos de los núcleos palestinos que
fueron anexionados. Miembros del actual Gobierno de Benjamín Netanyahu,
considerado por muchos de sus detractores como el más derechista en la
historia de Israel, plantean ahora la segregación de esos distritos por
razones de seguridad. “Quieren sacárselos de encima”, traduce Margalit,
para postergar un sorpasso demográfico palestino en la Ciudad
Santa. Entre la incuria patente del Este y el aparente orden del Oeste
median “dos mundos”, destaca el antiguo edil. “No hay sociedad
multicultural posible ante la asimetría entre la comunidad israelí,
hegemónica, y la palestina, subordinada”. En Abu Dis, Shuafat, o Kfar
Aqab —en la tierra de nadie situada al otro lado del muro de
separación—, viven más de 100.000 palestinos. Al atravesar el paredón de
hormigón se penetra en una dimensión de abandono de toda noción de
ciudad. No es ni judía ni árabe.
Extramuros, Enash Jubran, tendera de 33 años, vive con su
marido y sus cuatro hijos en Kfar Aqab, en un piso con vistas al muro
gris donde alguien ha pintado una puerta con la inscripción en inglés
“Exit” (salida). No está lejos del paso de Qalandia, frontera en la
principal vía que lleva desde Jerusalén a Ramala. Las lluvias de
invierno han generado un mar de barro en torno a los bloques de 12
alturas construidos sin licencia. La basura flota en el fango.
Hace un año que se mudó con su familia desde el campo de
refugiados de Shuafat, donde se crio en el seno de un clan palestino
desplazado por el nacimiento del Estado hebreo en 1948. Posee la tarjeta
de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, un
carné de identidad israelí y paga las tasas locales del Ayuntamiento de
Jerusalén aunque muchos creen que reside en Cisjordania. También le debe
a un banco 250.000 sequels (unos 58.000 euros), algo más de la mitad de
lo que cuesta su vivienda.
El conflicto se da entre proyectos antagónicos que niegan legitimidad al vecino por razones étnicas o religiosas
“El Ejército nos ha notificado la próxima demolición del
edificio después de meses de pleitos. Volveremos a ser refugiados otra
vez”, explica con más tristeza que rabia. “Aunque llevamos toda la vida
de mudanza, ya estamos hartos de sentirnos exiliados en nuestra propia
ciudad. Yo soy de Jerusalén…”. Frente a su balcón, los obreros siguen
construyendo nuevos bloques sin permiso para familias con vidas
divididas por el muro. “Por el paso de Qalandia, son 40 minutos en coche
hasta el centro, pero siempre hay problemas: a menudo tenemos que
cerrar las ventanillas por los gases lacrimógenos. Es como vivir en otro
país”, describe Enash Jubran a propósito de su trayecto cotidiano.
En Jerusalén, la ciudad imposible, Margalit intenta
sintetizar el drama de esta urbe, el conflicto entre “proyectos
antagónicos que en nombre de la pureza étnica, nacional o religiosa
niegan la legitimidad del vecino”. Los palestinos se suelen dejar ver
—en especial mujeres y jóvenes— por la zona occidental de Jerusalén
cuando desciende el nivel de violencia, pero como observa el exconcejal,
“solo circulan puntualmente por centros de trabajo, oficinas públicas o
centros médicos y comerciales, en una suerte de ‘movilidad
restringida”. Puede haber roce, pero apenas hay contacto, solo
desconfianza.
Nacido en Lisboa hace 75 años en una familia judía
melillense, José Benarroch abandonó la Universidad Complutense en 1969
para concluir los estudios de Derecho en la Universidad Hebrea de
Jerusalén. Revela que se lo recomendó el propio David Ben Gurión,
fundador del Estado de Israel, cuando le invitó a la aliyá
(inmigración). La Ley del Retorno israelí permite a un judío de
cualquier parte del mundo establecerse en Israel y obtener
automáticamente la ciudadanía. Lo recuerda en un concurrido restaurante
del distrito de Baqa, cuyas elegantes casas, habitadas mayoritariamente
por árabes hasta 1948, conforman ahora un vecindario de clase media
judía.
“No cambio Jerusalén por ninguna otra ciudad del mundo”,
asevera Benarroch, que pasó por el servicio diplomático israelí antes de
dedicarse a la gestión universitaria. “Su espiritualidad única, su rico
entorno intelectual… Aunque, desde luego, no viviría en Meah Shearim
[el principal barrio ultraortodoxo], prefiero espacios más abiertos como
este”, confiesa. “¿Para cuándo un Estado palestino?”, repite la
pregunta que se le formula para poder meditar mejor una respuesta.
“Existe un gran recelo entre la población israelí”, argumenta. “Tardará
en llegar un futuro de armonía”.
Por lo general, resulta raro que un ciudadano judío
atraviese la simbólica separación de la Línea Verde hacia los barrios
palestinos, si bien más de 200.000 israelíes se han instalado en
asentamientos en Jerusalén Este a partir de 1967. Colonos nacionalistas
radicales viven ahora también en el barrio musulmán, e incluso en el
cristiano, de la Ciudad Vieja, protegidos por guardaespaldas privados y
por las fuerzas de seguridad, y en distritos históricos cercanos, como
Silwán, una barriada al sur del recinto amurallado con aire de favela
donde 450 colonos se han asentado entre 20.000 palestinos.
ver fotogaleríaPanorámica
de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén: una imagen emblemática
para una urbe tan llena de historia y cultura como de problemas
políticos.Paolo Pellegrin
Otro veterano conocedor de Jerusalén, el periodista y
escritor barcelonés Eugenio García Gascón, afincado en la Ciudad Santa
desde hace 27 años, coincide con el diagnóstico pesimista de Margalit.
“Un espacio que se sustenta sobre las etnias, es decir, sobre la
división de las comunidades, está condenado a no vivir en paz”,
previene. Entre otras obras, es autor de dos dietarios sobre Jerusalén,
el último publicado en 2017 bajo el título La derrota de Oriente
(Libros del K.O.). “La existencia de cada grupo gira alrededor de sus
creencias, sin mirar al bien común. Al contrario, miran más a lo que les
separa como comunidades que a lo que les une”. Su respuesta llega tras
un encuentro en la terraza del Café de París, situado frente a la sede
de la residencia del primer ministro de Israel, en el distrito acomodado
y mayoritariamente judío laico de Rehavia. En un gesto de
reconciliación con la personalidad múltiple de una urbe en la que lleva
media vida, García Gascón confiesa en su segundo dietario que ha
regresado “sin resentimientos” al café del que desertó años atrás cuando
se transformó en un local kosher, conforme al ritual judío.
Donald Trump ha anunciado el traslado de la Embajada de EE UU a Jerusalén
coincidiendo con el 70º aniversario de la fundación del Estado de
Israel, el próximo 14 de mayo. Hasta 13 países latinoamericanos llegaron
a contar con representación diplomática en la parte occidental de la
Ciudad Santa, pero todos acabaron trasladando sus legaciones a Tel Aviv
después de la anexión de la zona oriental en 1980. Guatemala y otros
Estados parecen dispuestos a seguir los pasos de Washington, en un
cambio de paradigma que ha sido mayoritariamente condenado de nuevo en
la ONU.
“La ciudad precisa una separación funcional, necesita ser
dividida para poder estar unida algún día”, concluye Margalit mientras
recoge sus papeles en una mesa de la biblioteca del Instituto Van Leer,
por donde se asoma la línea vanguardista del edificio hacia un jardín
próximo a la residencia del presidente del Estado. Cree que no vivirá
para contarlo, pero el historiador predice que “la ocupación se acabará
colapsando en una crisis política por la limitación que supone para la
democracia de Israel y por la discriminación que impone a otro pueblo”.
La
historiadora Miren Arzalluz posa en los tejados del Museo de la Moda de
París, del que ha sido nombrada directora el pasado enero. lea crespi
Historiadora y experta en política comparada, esta vasca se ha
convertido en la primera extranjera en ponerse al frente del Museo de la
Moda de París.
Vestida de negro riguroso, con los labios pintados de rojo y la melena platino, Miren Arzalluz (Bilbao, 1978) se mueve por las laberínticas buhardillas del Palais Galliera como una exhalación. Son sus oficinas
desde que el pasado enero fuera nombrada directora del Museo de la Moda
de París, quizá el más importante del mundo dentro de esta disciplina
y, como apostilla la historiadora vasca, “un auténtico orgullo
nacional”. Es la primera extranjera que capitanea la institución creada
en 1977. Una española al frente de la joya de la corona de la moda
francesa: todo un desafío al chovinismo galo. Su
nacionalidad no es lo único que resulta insólito. Tampoco es
funcionaria y la mayor parte de los directores de museos públicos de
este país pertenecen al cuerpo de conservadores del Estado, al que se
accede por oposición. “Pasé un proceso de selección normal, con
entrevistas y una evaluación de mi proyecto para el centro. Pero tengo
que reconocer que fue una decisión valiente”, explica la ex responsable
de colección y exposiciones del Museo Balenciaga de Getaria. Arzalluz,
de 40 años, debutó el pasado mes de marzo en el Galliera con una
retrospectiva dedicada al diseñador Martin Margiela, que cerrará sus
puertas el 15 de julio y que por primera vez ha contado con la
participación del enigmático creador, uno de los más influyentes del
siglo XXI.
Aunque esta muestra ya estaba diseñada cuando llegó al
cargo, para ella tiene un valor casi simbólico. “Resulta muy emocionante
empezar mi andadura inaugurando una exposición dedicada a un maestro
que en mi fuero interno siempre he tenido muy cerca de Balenciaga. Ambos
son dos iconoclastas, personas que no ceden a la presión del sistema de
la moda, que mantienen una distancia enorme con los medios, que se
refugian en su oficio, que son de un perfeccionismo brutal. Ambos han
tenido la suerte de ser testigos en vida de su propio éxito, del
reconocimiento de sus colegas y de su influencia en la generación
posterior. De repente, todo encaja. Es una bonita transición”.
A Arzalluz le corresponde el poco envidiable privilegio de suceder a Olivier Saillard,
el hombre que dio al Galliera relevancia internacional y que convirtió
sus exposiciones en eventos imprescindibles tanto para la ciudad de
París como para la industria del lujo. “Hay un antes y un después de él
en el comisariado de moda. Ha explorado nuevas formas de atraer al
público y de difundir la historia de la moda más allá de las fórmulas
tradicionales”, sentencia. Una de las que más valora son las performances que realizó durante años con la oscarizada Tilda Swinton. En Cloakroom
(El guardarropa), por ejemplo, la actriz británica recibía prendas
reales del público, interactuaba con ellas —probándoselas sensualmente o
convirtiéndolas en un nido sobre el que depositaba una castaña o un
nota manuscrita—, para devolvérselas finalmente a sus propietarios.
“Al mostrar sobre un maniquí ropa que ha sido diseñada para
ser admirada en movimiento, se pierde parte de su esencia. Pero la
experiencia del que observa es completamente distinta cuando, gracias a
estas acciones artísticas, esa creación vuelve a la vida”. En opinión de
Arzalluz, la gestión de Saillard en el Galliera durante los últimos
siete años es intachable: “El que piensa que algo comienza con él, que
lo de antes no sirve, no solo está equivocado, sino que también está
apostando por una mala estrategia”. Saillard, con el que colaboró como
comisaria asociada e investigadora freelance, le ha dejado en
herencia unos cuantos consejos que prefiere no compartir, un importante
legado que conservar y un gran reto: dotar al museo de una colección
permanente. “Debemos tener la habilidad de hacerla tan rigurosa como
atractiva, y que sea capaz de interesar al público tanto la primera vez
que la visite como la tercera”. A este desafío se suma otro: los fondos
textiles nunca son realmente permanentes. “Por motivos de conservación,
las piezas deben rotar cada seis meses sin modificar o modificando lo
menos posible el discurso para no vernos obligados cambiar la
museografía”.
“Perdernos en si la moda puede compararse o no con la obra de Picasso es una polémica que no me interesa”
Otro de sus principales desafíos es ampliar el público del
Galliera. Pese al éxito que han alcanzado las últimas muestras del
centro —dedicadas a los trajes regionales españoles, a Balenciaga y a la
diva francesa Dalida— y al creciente número de visitantes que acuden a
las exposiciones de moda que se multiplican en los museo de arte —de
Givenchy en el Thyssen a Comme des Garçons en el MET—, Arzalluz
considera que aún queda mucho por hacer. “Es cierto que la irrupción de
la moda en el mundo museístico ha tenido mejor aceptación por parte del
público que de la crítica. Pero todavía hay muchos que consideran la
moda algo frívolo; otros, algo lejano o elitista”, argumenta.
Si es arte o si tiene suficiente entidad para ocupar las
paredes de centros no especializados y pinacotecas, es una controversia
que la comisaria considera tan estéril como anacrónica. “La moda tiene
muchas cosas que contar sobre nuestra historia, nuestra sociedad y sobre
nosotros mismos. Es un fenómeno complejo e interesante, que se puede
abordar de cientos de formas. ¿Hay determinadas prendas, creaciones de
diseñadores concretos, objetos textiles que pueden ser considerados una
expresión artística? Por supuesto que sí. ¿Tiene un componente creativo
innegable? También. Perdernos en si puede compararse o no a una obra de
Picasso es una polémica que no me interesa”. Aunque Arzalluz está
bregada en el combate dialéctico y la gestión de crisis.
Después de estudiar Historia en su Bilbao natal, se trasladó
a Londres para trabajar en la London School of Economics (LSE), donde
terminó cursando un máster en Política Comparada. “Me apasiona personal e
intelectualmente [su padre es el expresidente del Partido Nacionalista
Vasco Xabier Arzalluz]. Pero sentía que no era mi camino. Frente a mi
escuela estaba el Courtauld Institute of Arts: una institución mítica
dedicada exclusivamente al estudio del arte. Una de las especialidades
era Historia del Vestido. Empecé a ver los temas y me atrapó, fue amor a
primera vista. Solicité una plaza, pero me decía que no me iban a
aceptar porque eran clases muy reducidas con una fuerte competencia
internacional”. Pero lo hicieron. Pidió un crédito y dejó a Adam Smith y
John Locke por Fortuny y Poiret. “La cara de mis profesores de la LSE
cuando les dije que iba a hacer Historia de la Moda no tiene precio.
Pensaban que estaba tirando mi futuro por la borda”, recuerda entre
risas. En su casa, dice, solo recibió apoyo. “No me arrepiento. Viví un
periodo fascinante: la época de la Tercera Vía de Tony Blair, el
europeísmo británico. Organizamos reuniones con Kofi Annan, Bill
Clinton, el lehendakari Ibarretxe hizo la presentación internacional de
su plan cuando estaba yo allí…”.
Un
rincón del Palais Galliera. En la página siguiente, otro retrato de
Arzalluz, que afronta el reto de dotar al museo parisiense de una
colección permanente.Manuel Díaz de la Rada
Arzalluz asegura que esta experiencia ha sido fundamental en
su carrera como historiadora de la moda. “Me ha ayudado a comprender
determinados aspectos sociales, económicos y políticos de la moda y ha
enriquecido mi visión como investigadora. Creo que no podría hacer los
análisis que realizo si no tuviera esa formación”. Más allá del aspecto
teórico y académico, la política comparada ha demostrado tener su
utilidad en la práctica. Tras su paso por el Victoria & Albert
Museum de Londres, Arzalluz fue nombrada directora del Museo Balenciaga
de Getaria, un ambicioso proyecto financiado por distintas
Administraciones vascas, que se inauguró en 2011. Dos años después, la comisaria y otros miembros del centro abandonaban abruptamente el proyecto.
El exalcalde de Getaria y uno de los principales promotores del Museo,
Mariano Camio (PNV), había sido acusado unos meses antes junto a su
pareja, el arquitecto cubano Julián Argilagos, de administración desleal
y apropiación indebida de fondos públicos. El juicio contra ambos se
reanudará este mes de abril con la probable ausencia de Argilagos, en
paradero desconocido. “Aquello fue una escuela, me curtí como comisaria y
participé en la puesta en marcha de un nuevo museo con todas las
dificultades que ello conlleva. De todo se aprende, de lo malo también.
Nos dejamos en ese proyecto la piel e hicimos un museo que ahí está,
dedicado al maestro, que se lo merece todo”, sentencia.
Lejos de Getaria se siente libre del peso de aquel episodio y
de su apellido. “Estoy en otro lugar y otro país, donde mi padre no es
una persona conocida. Quien quiera seguir insistiendo en esas cuestiones
es muy libre de hacerlo. En todo caso, estar en el Galliera es también
una satisfacción porque significa una libertad definitiva. Ahora que voy
a cumplir 40 años me siento ajena a ese tipo de lastres por fin”.