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Esta es la historia de cómo una importante aristócrata inglesa insufló esperanza al pueblo británico al prestar ayuda económica para ganar la guerra contra los nazis. Lady "Poppy" Fannie Lucy Houston donó casi toda su fortuna a la compañía de fabricación de aviones bélicos Supramarine. Dicho cuerpo militar producía los famosos aviones Spitfire, todo un símbolo del valor nacional inglés durante la Segunda Guerra Mundial, con el flamante líder Sir Winston Churchill a la cabeza. De no ser por ella, quizás no habrían podido desarrollar aviones mucho más rápidos que los de los alemanes. Al fin y al cabo, la velocidad de los cazas británicos fue uno de los grandes condicionantes que más influyeron en que la victoria se decantase a favor de Inglaterra.
Lady Houston sirvió de enfermera en la Primera Guerra Mundial y apoyó la causa sufragista para conseguir el voto femenino
Apodada Lucy Lady Houston, como si se tratara del título de una pegadiza canción de The Beatles, nació en 1864 en la provincia de Lambeth. El Oxford Dictionary of National Biography la describe de esta forma tan literaria: "Una bella joven y coqueta con un lenguaje insolente, cintura pequeña, que se hizo experta en moda y modales parisinos". Por la descripción, podemos deducir que se trataba de una atractiva dama bohemia a la que le gustaba seducir tanto como incordiar, adelantada a su tiempo, filántropa, imprevisible y honesta, una 'femme fatale' que no tenía reparos en decir verdades incómodas a la mínima en que se le presentaba la ocasión.
Por sus hechos les conoceréis, y en el caso de Lady Houston podemos decir que apoyó durante toda su vida la causa sufragista para conseguir el voto de la mujer. Además, dispuso su ayuda y talento a las enfermeras que sirvieron en el frente durante la Primera Guerra Mundial, cuyas acciones le valieron el título honorífico de dama y le llevaron a encabezar uno de los primeros puestos en la lista de mujeres excepcionales del país. Pero por lo que de verdad tuvo un papel decisivo fue por la donación altruista de todo su dinero a la empresa fabricante de los míticos aviones Spitfire, según informa 'The Daily Beast'.

El error tipográfico que puso fin a la Segunda Guerra Mundial
Cuando Supermarine se fijó en Lady Houston, ya habían ganado dos carreras consecutivas e iban a por la tercera, lo que les haría ganadores del torneo. El diseñador jefe de la empresa, Reginald Mitchell, había reducido el equipo del avión hasta conseguir una versión minimalista del mismo destinada a conseguir un efecto mucho más aerodinámico. Luego, le añadió un motor producido por la marca automovilística Rolls Royce. Nadie podría pensar que este prototipo de naves podían ser decisivas para salvar al país británico de la invasión nazi. El avión quedó listo para ser pilotado con todas sus actualizaciones en 1931, ocho años antes de que estallara el conflicto.


Nueve años después, se casaría con un noble llamado Theodore Francis Brinckman, pero se divorció de él en 1895. A los seis años, se volvería a casar con otro hombre poderoso, George Frederick William Byron, un barón que pertenecía a la élite pero que no dudaba en mostrar opiniones progresistas, como el movimiento sufragista. Pero William Byron murió en 1917 a la edad de 63 años. El último hombre en discordia sería Sir Robert Houston, de quien recibiría el apellido y que murió solo dos años después de su matrimonio. Aquí es cuando recibió la máxima herencia de todas, haciéndose con la fortuna de 5,5 millones de libras.
El 'crowdfunding' de 1940 que salvó a Inglaterra
Pronto, gracias a las donaciones de Lady Houston, el Spitfire de Reginald Mitchell no solo triunfó en todas las competiciones aéreas, también se ganó el respaldo de la sociedad británica y del propio Sir Winston Churchil. En 1940, cuando la esvástica se expandía por todo el continente europeo, se produce un hecho llamativo que nos retrotrae a un asunto del presente: el que quizás sea el primer 'crowdfunding' de la historia. El primer ministro británico creó el llamado 'Fondo Spitfire' e hizo un llamamiento a la población para que financiara el proyecto con donaciones anónimas.Cuando los Spitfires volaron para combatir a las fuerzas nazis, los ciudadanos miraron al cielo y dijeron: "Yo pagué un poco de esos aviones"
Los resultados fueron sorprendentes. Si algo distingue a los británicos del resto de europeos, ta vez sea su capacidad de remar todos al unísono a la hora de afrontar una situación límite. Solo un año después, el 'Fondo Spitfire' consiguió 13 millones de libras en donaciones anónimas que equivaldrían a 650 millones de libras hoy en día (752 millones de euros) solo destinados en reforzar la defensa aérea británica. Si el coste de fabricación de cada Spitfire era de 5.000, la capacidad productiva resultó alarmantemente alta.
La pena fue que Lady Houston, la primera involucrada en el proyecto, no viviría para ver la acrobática danza de los aviones en el cielo desafiando a las tropas nazis. Justo en el año en que aquí, en España, se producía el alzamiento que daba comienzo a al Guerra Civil, Lady Houston murió a la edad de 79 años. Por su parte, Reginald Mitchell, el entusiasta fabricante de aviones militares de la Supermarine, murió un año después que ella, a los 42 años. Una pena que ninguno de los dos vieran a esas raudas máquinas surcar el cielo insuflando esperanza a todos sus ciudadanos que decían: "Yo pagué un poco de ese Spitfire".
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