2033 d.c. también judío, muchos judios igual que muchos celtas y muchos celtas fueron crucificados para que pudiera haber pueblos libres.
No es mucho lo que se puede decir de él. Se llamaba Jehohanan, se supone que tuvo una buena vida y se sabe que murió de forma horrible en algún momento entre los años 7 y 70 de nuestra era. Sin embargo, su nombre reaparece fugazmente por Semana Santa, como un detalle al margen en documentales de televisión o en algún que otro artículo de prensa, por una sola razón: es «la única víctima de crucifixión descubierta hasta ahora». Así lo definió Vassilios Tzaferis, el arqueólogo que encontró sus restos en Jerusalén en 1968.
El desdichado Jehohanan sirve como referencia cuando se intenta ofrecer una imagen realista de la muerte en la cruz de Jesús de Nazaret, para contrarrestar la idea clásica de la crucifixión consolidada por siglos de historia de arte cristiano. Frente a la cruz alta de Jesús, se presenta el dibujo de la cruz baja de Jehohanan, clavado en una extraña postura, con el cuerpo contorsionado y las piernas flexionadas, con un solo clavo atravesando el calcáneo de ambos pies, y otros dos clavos perforando sus antebrazos.
Tzaferis rememoró su descubrimiento en un artículo publicado en la 'Biblical Archaeology Review' en 1985. En aquel texto, 'Crucifixion-The Archaeological Evidence', resumía el hallazgo, que había dado a conocer en medios especializados israelíes. «En el período que siguió a la Guerra de los Seis Días cuando la Ciudad Vieja y Jerusalén Este volvieron a encontrarse bajo la jurisdicción israelí se emprendieron gran cantidad de nuevas construcciones. Los descubrimientos arqueológicos accidentales por equipos de la construcción eran frecuentes», recordaba Tzaferis. «Cuando eso ocurría, mis colegas del Departamento de Antigüedades y Museos de Israel y yo éramos reclamados; parte de nuestro trabajo era investigar estos descubrimientos fortuitos».
Uno de ellos era un grupo de tumbas encontradas por accidente en la zona de Giv'at ha-Mivtar. Tras una primera inspección, «decidimos excavar cuatro». Formaban parte de un gran cementerio del periodo del Segundo Templo del siglo II a.C. al año 70 d.C.. La tumba 1 era un sepulcro bastante típico de esa época. Excavado en la roca, estaba formado por dos cámaras a diferente altura, cada una de ellas complementada con nichos, o 'loculi', de los que había doce en total. Nueve de ellos contenían esqueletos, pero los arqueólogos encontraron ocho osarios en los nichos 5, 7 y 9. Se trata de un tipo de urna que se usó a menudo en Palestina entre los años 20 y 70 d.C. para recoger los huesos de los difuntos. Una vez que los cadáveres se descomponían y para reaprovechar el espacio, los familiares depositaban los restos óseos en estas cajas, que eran devueltas a los sepulcros.
Una buena familia
Los osarios de la tumba de Giv'at ha-Mivtar estaban tallados en roca caliza y algunos lucían inscripciones que identificaban a los difuntos cuyos huesos contenían. En total se trataba de los restos de 17 individuos de dos generaciones de una misma familia. Gente de cierta importancia y con recursos, porque no todo el mundo podía permitirse unos osarios como estos. Uno de ellos contenía los huesos de un tal «Simón, constructor del Templo», quizá un albañil o un ingeniero que trabajó en la reconstrucción del Templo de Jerusalén realizada por Herodes el Grande. Otro albergaba los huesos de «Jehonathan, el alfarero». Pero, como señalaba Tzaferis, «a pesar de la riqueza y los logros de sus miembros, esta familia probablemente no fue feliz». Cinco de sus miembros fallecieron con menos de 7 años y solo dos alcanzaron los 50. Un niño murió de inanición y una mujer fue asesinada de un mazazo en la cabeza. Y uno de los hombres fue crucificado.
«Jehohanan, hijo de Hagkol» como dice la inscripción que lo identifica medía 167 centímetros, no era especialmente musculoso, no parece que hubiese realizado trabajos que requirieran esfuerzo físico y «tenía entre 24 y 28 años, según nuestros osteólogos», explicaba Tzaferis quien, sin embargo, no se dio cuenta de que había sido ejecutado en la cruz hasta que se lo revelaron esos mismos especialistas. «Por extraño que parezca, cuando excavé los huesos de este hombre crucificado no sabía cómo había muerto. Sólo cuando se envió el contenido del osario número 4 de la cámara B de la tumba número 1 para su análisis osteológico se descubrió que contenía un niño de tres o cuatro años y un hombre crucificado». Los huesos de uno de sus talones estaban todavía atravesados por un clavo que, de hecho, los mantenía unidos. «El clavo debió tener aproximadamente 7 pulgadas (17-18 cm) de largo».
La excavación de Tzaferis pasó de ser una actuación de emergencia algo rutinaria a convertirse en un hallazgo notable. De pronto, los expertos tenían a su disposición los restos de un hombre que había muerto en la cruz en el siglo I. Ahora se podría saber al detalle en qué consistía este tipo de castigo. Aunque muchos autores de la Antigüedad se refirieron a este suplicio en sus escritos, nunca entraron a detallar los pormenores, básicamente porque se dirigían a un público que sabía de sobra de qué se trataba. Inventada por los asirios, practicada por los persas, los griegos y los fenicios, además de por los propios judíos de forma excepcional antes de la dominación romana, la crucifixión fue sobre todo un tipo de castigo ejemplarizante usado por los romanos, una forma de «terror de Estado», como la definió el arqueólogo Joe Zias, «el suplicio más cruel y abominable» en palabras de Cicerón, y «la más desdichada de las muertes», como la describió Flavio Josefo, que vio unas cuantas, entre ellas las de varios de sus conocidos y amigos.
Clavado a un olivo
«Desde la muerte de Herodes el Grande hasta la caída de Jerusalén y Masada (desde el año 4 a.C. hasta el año 73/74 d.C.), la cruz fue el signo visible y tangible, es más, el distintivo, de la cruel presencia de Roma en territorio judío», según cuenta Geza Vermes en su libro 'La Pasión'. «Los casos más atroces se produjeron durante el sitio de Jerusalén (70 d.C.), en el que los romanos crucificaron hasta quinientos judíos a la vez todos los días. Llegó a decirse que no había suficiente espacio en Jerusalén para las cruces ni suficientes cruces para las víctimas», añade el historiador y teólogo.
'Jehohanan, hijo de Hagkol' bien pudo haber participado en este episodio. Tzaferis descarta que fuera un ladrón, dada su buena posición social y económica, y además la cruz era castigo reservado a los extranjeros -no romanos- sediciosos. En todo caso, cuando fue desclavado, ya muerto, sus familiares no fueron capaces de retirar el clavo que atravesaba uno de sus talones y que, según los médicos que examinaron sus restos, en realidad fijó los dos pies a un duro madero de olivo.
El doctor Nico Haas observó además marcas en los huesos de los brazos que interpretó como el rastro dejado por los clavos que atravesaron los antebrazos, no las manos, de Jehohanan, para fijarlos al madero transversal o 'patibulum' que completaba su cruz. Así, Tzaferis y sus colaboradores concluyeron que Jehohnan había sido ejecutado en una cruz baja, inferior la altura del propio reo, con los dos talones atravesados por un solo clavo que entró por el pie derecho al frente del madero, las piernas flexionadas y giradas hacia su lado izquierdo, con los antebrazos clavados al travesaño de la cruz. Además, le habían partido las piernas para acelerar la muerte, que en los crucificados, flagelados y atormentados de diversas maneras como preámbulo a su ejecución, se producía por agotamiento y asfixia.
Pero esta interpretación fue discutida. Incluso con los huesos del pobre Jehohanan sobre la mesa del laboratorio, no parece estar muy claro cómo lo crucificaron. Joe Zias, que fue conservador del departamento de Arqueología y Antropología de la Autoridad de Antigüedades de Israel entre 1972 y 1997, y el doctor Eliezer Sekeles, de la Facultad de Medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén, reexaminaron los restos del desdichado joven y concluyeron que el clavo conservado había sido mucho más corto de lo supuesto por Haas, de unos 11,5 centímetros, de forma que cada talón fue clavado a cada lado de la cruz. Además, señalaron que no había señales de clavos en los antebrazos, por lo que es posible que estos fuesen amarrados con sogas al travesaño... si es que hubo un travesaño, porque consideraron que Jehohanan pudo haber sido ejecutado en una 'cruz simple', es decir, un poste vertical.
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