
Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna. (Jn 4, 13-14)
En esta perla del Evangelio que es la conversación con la samaritana, en las inmediaciones del pozo de Jacob, Jesús habla del agua como del elemento más sencillo pero que se presenta como el más deseado, el más vital para quien está familiarizado con el desierto.
No necesitaba muchas explicaciones para hacer comprender el significado del agua.
El agua de manantial es para la vida natural, mientras que el agua viva, de la que habla Jesús, es para la vida eterna.
Del mismo modo que el desierto florece sólo después de una lluvia abundante, así las semillas depositadas en nosotros con el bautismo pueden germinar únicamente si están regadas por la Palabra de Dios. Y la planta crece, da nuevos brotes y adquiere la forma de un árbol o de una bellísima flor. Y todo esto porque recibe el agua viva de la Palabra que suscita la vida y la mantiene para la eternidad.
http://www.centrochiaralubich.org/es/documentos/textos/147-scritto-es/925-todo-el-que-beba-de-esta-agua-volvera-a-tener-sed.html
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