jueves, 16 de agosto de 2018
En la orilla occidental del Rin, el reino (o imperio) de los francos existió entre los ss. V y IX y fue el Estado sucesor del Imperio romano de Occidente, caído en el 476. Bajo el reinado de las dinastías merovingia y carolingia, se convirtió en la mayor potencia política de Europa en la Alta Edad Media. En su apogeo, este reino abarcó los actuales países de Francia, Alemania, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, así como media Península Itálica. Su soberano más poderoso fue el carolingio Carlomagno [768-814]. Desde su esplendorosa residencia de Aquisgrán conquistó Lombardía, obtuvo territorios en Baviera, libró una guerra con los sajones del norte durante treinta años y fue coronado emperador por el papa en el 800, acto que se consideró el resurgir del Imperio romano. Tras el entierro de Carlomagno en la catedral de Aquisgrán, la capilla real se convirtió en un importante lugar de peregrinación. Después de su muerte, la lucha entre su hijo y tres de sus nietos terminó por causar la disolución del reino de los francos en el 843. El Tratado de Verdún dividió el territorio en tres reinos: Westfrankenreich (Francia Occidental), que evolucionó hasta formar la Francia actual; Ostfrankenreich (Francia Oriental), origen de la Alemania actual; y Mittlere Frankenreich (Ostfrankenreich Media), que abarcaba el actual Benelux y otras zonas situadas hoy en Francia y el norte de Italia.
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