http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/06/12/5b1ea724e5fdea421e8b46d2.html
Economía

La
empresa parisina factura 2,5 millones al año con un producto del siglo
XIX: unos libritos de papel perfumado que se queman para quitar el mal
olor
Su fábrica, desde la que exporta a países como Japón, Canadá y España, acaba de reabrir 17 meses después de sufrir una explosión
El químico francés Auguste Ponsot descubrió durante un viaje a Armenia a finales del siglo XIX que allí perfumaban los espacios interiores quemando resina de benjuí, una planta de la familia de las estiracáceas originaria de regiones templadas y subtropicales.
Atraído por su uso como ambientador -y también desinfectante-, Ponsot decidió llevar el producto a su país y asociarse con el farmacéutico Henri Rivier, quien se había percatado de que disolviéndolo en alcohol a 90 grados conseguía un olor persistente. Si a esa solución se le añadía perfume, el resultado era una combinación aromática agradable, similar a la de la combustión del incienso. La pareja de emprendedores buscó un soporte en el que verter la mezcla y lo encontró en el papel secante. Era 1885 y nacía Papier d'Arménie.
Aquel artículo casi exótico en la Europa de hace 130 años es hoy la principal fuente de ingresos de una empresa que factura 2,5 millones de euros al año, abastece a 20.000 puntos de venta en Francia y exporta incluso a Japón. Su máxima responsable es Mireille Schvartz, bisnieta del farmacéutico Rivier.
«Es un producto bueno, que funciona y no es caro. Antes de la I Guerra Mundial se llegó a usar mucho en los hospitales [el bálsamo de benjuí servía para tratar el asma, la tos y la ronquera]. Ahora los mejores clientes, al menos en Francia, son jóvenes. Lo emplean para hacer desaparecer el olor a tabaco», explica Schvartz en su despacho de gerente.
-El papel aromatizado se quema en salas de estar, en cocinas, en aseos... Incluso algunas revistas de pesca lo recomiendan. ¿Le molesta que haya pasado a tener un uso poco glamouroso?
-Nooooo.

Schvartz sucedió en 1992 a su madre al frente de Papier d'Armémie. Se había licenciado en Historia y coordinaba una revista de decoración, pero su nula experiencia en el sector no fue un obstáculo para asumir el negocio familiar. «La fábrica estaba muy mal», cuenta la directora de la compañía en un español decente aprendido en veranos de vacaciones en Barcelona y Mallorca. «Pedí ayuda a unos amigos empresarios para ver si merecía la pena reflotar la empresa. Me aconsejaron que lo hiciera, porque es una marca conocida en todo el país».
No exagera: el legendario Serge Gainsbourg convirtió los papiers en fetiche pop al dedicarles una canción a mediados de los 60. Con todo, ha sido el creciente interés por lo ecológico en Francia lo que ha hecho que muchos consumidores prefieran coger una cerilla y quemar un trozo de papel a encender una vela o desprecintar un ambientador industrial.
«Tienen una larga recuperación por delante», lamenta Schvartz. La producción se detuvo por completo, hasta que hace un mes las instalaciones reabrieron con nuevas medidas de seguridad. Los trabajos de mejora todavía se aprecian en el sótano del edificio. Es el lugar donde unos depósitos de metal del tamaño de un frigorífico conservan el espeso y oscuro benjuí, que ha de ser removido cada mañana para evitar su solidificación.
En el momento del accidente, la empresaria y el perfumista Francis Kurkdjian, el hombre que diseñó para Jean Paul Gaultier uno de los perfumes más vendidos del mundo (Le Male), trabajaban en un nuevo papier con olor a jazmín. «Quiero ver si se puede hacer, pero requiere año y medio de trabajo», explica Schvartz sobre el proyecto.
Puede que el único papel que toquemos en el futuro sea el higiénico... y el de Arménie, que de momento ha sobrevivido a las cartas, billetes de Metro y algunos quioscos de prensa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario