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Alguien le proporcionó unos cartones y le recomendó que se cobijara a la entrada de un párquing. "Me tumbé y cuando ya no oí ruidos, cerré los ojos. Me tapé la cabeza para pasar desapercibida y… a confiar que no me sucediera nada", explica. Le despertó el ruido de una moto y el frío, "el mes de marzo del año pasado hizo mucho", recuerda. "No sabía que para dormir en la calle necesitaba una manta", aclara llena de inocencia. Luego oyó el ladrido de un perro y, a continuación, el sonido continuado del tráfico.
Mudarse de sitio
También ha dormido bajo el techo de algún albergue, pero la protección que la seguridad que le aportaba tener un cobijo se la regatean algunos inquilinos. Un hombre, porque el alojamiento era mixto, se arrogó la potestad de que Yolanda era parte de sus propiedades y pretendía que consolara a otros hombres en sórdidas aventuras nocturnas.
Monedas para el desayuno
Yolanda, a sus 40 años, ha padecido en la calle situaciones extremas, de luces y sombras. Recuerda cómo alguien le dejaba al lado de los cartones unas monedas para el desayuno, cómo una monja le llevaba una bolsa con fruta y también cómo grupos de chavales que pasaban cantado tras una juerga, amortiguaban las voces al verla dormida. Sin embargo, guarda otras imágenes menos placenteras como cuando algún grupo de jóvenes pasó por su lado dando puntapiés al grito de "¡levántate vaga!"A veces la suerte, menos de lo que sería aconsejable, también se detiene en las personas en riesgo de exclusión social. Eso es lo que le sucedió a Yolanda. Todas las madrugadas, cuando con la amanecida Clara Naya pasaba con la moto para ir a trabajar su mirada se detenía en el bulto que formaba el cuerpo de Yolanda estirado en el suelo. Naya le comentaba a su compañera Beatriz Dengra cómo le impactaba la situación: "Hoy la he visto, ayer no. Y así muchas jornadas", explica. Un día Yolanda dejó de estar sola porque Clara y Beatriz la envolvieron con su red solidaria, la de la asociación Lola, no estàs sola, que ellas han creado. El día de la entrevista, a Yolanda la vida le mostró una primera sonrisa: encontró trabajo de ayudante de cocina y se ha mudado a una habitación.
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