“¿Prefieres que te arreste a que tu hija pase frío?”
El jefe del Ejército de Tierra activa el protocolo de acoso ante la denuncia de la legionaria sancionada por no ir a la celebración de la Inmaculada
Miguel González
Madrid
La legionaria sancionada por no asistir a la celebración de la
Inmaculada el pasado 8 de diciembre ya que no tenía forma de dejar a su
hija ha sido trasladada a otra dependencia la base de Viator (Almería).
En la carta que le escribió a la ministra de Defensa escribió: “Nunca
fui mala militar hasta que fui madre, hasta que solicité reducción de
jornada para cuidar a mi hija, hasta que pedí que se respetaran los
derechos que tengo como militar”.
El capitán se lo negó y le recriminó que no pidiera el día su marido, un cabo destinado en otra compañía de la misma bandera. Pero a su esposo también se lo negaron, por lo que la mujer volvió a reclamar el día, explicando sus circunstancias personales: no tenía ningún otro familiar en la ciudad y su madre, residente en Málaga, estaba convaleciente de un cáncer.
Obligación de desfilar
La cabo de la que dependía la soldado preguntó al capitán si ésta podía subir más tarde a la base con su hija, cuando no hiciese tanto frío, pues a primera hora de la mañana la temperatura rondaba los 5 grados. El capitán respondió que no era viable, pues tenía que desfilar.
El 7 de diciembre comunicó a su superior que, sintiéndolo mucho, no acudiría al desfile. Cuando al lunes siguiente llegó al cuartel, la estaba esperando el sargento. “Te van a arrestar y yo he pedido que te pongan la pena máxima, lo que más daño te haga”, le espetó. “Lo que has hecho no tiene nombre, es una deslealtad absoluta. Si pasas de venir a un desfile ¿qué harás cuando haya una guerra? Si fueras civil hoy mismo te echaría a la calle y tu hija se moriría de hambre. Los privilegios son para gente que cumple, así que olvídate de estudiar para el curso de cabo”, añadió.
Por su parte, el capitán le dijo que no podía consentir que se pasara por alto su autoridad, y que debía haber hecho como otro legionario, que acudió a la base con un bebé de ocho meses liado en una manta y lo dejó en las gradas con un desconocido mientras desfilaba.
Tras anunciarle que iba a sancionarla, el capitán añadió: “De ti depende cumplir y que todo quede aquí o alegar y seguir tensando la cuerda”.
A partir de ahí empezó el acoso. El sargento la obligaba a presentarse ante él cada mañana, “casi a diario le echaba alguna reprimenda delante de sus compañeros, fomentando que la aislasen”, le encargaba tareas para impedirle acudir al curso de cabo y le recriminaba que tuviera reducción de jornada, como si fuera un premio.
Cuando la soldado recurrió la sanción, el cabo mayor le hizo saber que al capitán le había sentado muy mal. “Si quiere normas va a tener normas, eso implica que la puedo arrestar por cualquier cosa”, le trasladó de parte del oficial. El capitán ordenó suprimir la media hora de vidilla (salida anticipada de la base) que disfrutaban los miembros de la bandera, poniéndolos en su contra. El marido de la legionaria se ha visto obligado a pedir la baja del Ejército.
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