Maia, una de las siete Pléyades y además una
bebé de tres meses, preciosa en los brazos de su madre, fue la más joven
de las integrantes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que ocuparon ayer el Consorci de l’Habitatge de Barcelona, en el número 105 de la calle Bolívia, del distrito de Sant Martí. La protesta, que duró más de tres horas, no concluyó hasta que los responsables de este organismo oficial –participado por la Generalitat y el Ayuntamiento– se comprometieron a recibir el próximo día 10 a los activistas antidesalojos.
La acción iba dirigida en realidad contra la Mesa d’Emergències,
que se halla en este mismo edificio y también codirigen la
administración autonómica y la municipal. Esta entidad se encarga en
teoría de buscar pisos de alquiler social y soluciones para las familias vulnerables que han sido víctimas de un desahucio o
están a punto de serlo. Pero desde que una familia recibe el visto
bueno hasta que le entregan las llaves de la vivienda que le han
concedido pasa una media de entre seis y nueve meses.
El Síndic denuncia que 36.000 personas están en lista de espera en Barcelona para una vivienda protegida
Theo
y su hijo, por ejemplo, tienen adjudicado un piso desde enero, pero ya
han vivido dos intentos de desahucio, el 15 de enero y el 16 de febrero;
el siguiente será el 23 de mayo, sin que sepan si para entonces ya
tendrán o no el piso. Marina, con dos hijas adolescentes, se enfrenta a
una espada de Damócles todavía peor, un desahucio abierto (es decir, sin
fecha prevista, que se puede producir en cualquier momento, quizá ahora
mismo), a pesar de que espera que la Mesa d’Emergències le dé una
solución desde junio. Nadia, con dos hijas, afronta su tercer desahucio
sin saber si llegará antes que el piso de emergencias que le prometieron
el 18 de julio del 2017. Son historias muy parecidas a las de otros
ocupantes de la sede oficial, como Nancy, Leide, Kadir, Aisha, Rachid,
Noor o Lamia, que está embarazada… “Cuando me ven en las oficinas de
Habitatge, a las que acudo cada día, me dicen: ‘¿Para qué vienes?’”,
asegura Gabriel, en paro y padre de dos hijas.
El
Síndic de Greuges denuncia que en el 2017 Barcelona tenía más de 36.000
familias en lista de espera para un piso social. La PAH agrega que la
Mesa d’Emergències “no da respuestas a estas familias, que pueden ser
desahuciadas mientras esperan y sin que les concedan alternativas
habitacionales, salvo, en el mejor de los casos, unos días en una
pensión y después sálvese quien pueda”. El problema se agrava porque
quienes viven en antiguos locales comerciales sin cédula de
habitabilidad –un recurso cada vez más frecuente en la capital catalana–
no tienen ni siquiera derecho a entrar en la Mesa d’Emergències cuando
los echan a la calle.
“Nos piden 600 euros por 25 m2y un sofá cama”
Sandra,
de 35 años, y su hija pequeña, Maia, un bebé de tres meses, fueron dos
de las ocupantes del Consorci de l’Habitatge. Esta mujer y su marido son
padres de otra niña, de cuatro años. Ella, auxiliar de un geriátrico,
está de baja maternal; él, parado de larga duración, no cobra ningún
subsidio. La pareja y sus dos hijas viven en un cubículo del Raval de 25
m2 donde sólo cabe una cuna y un sofá cama, en el que
duermen el matrimonio y la mayor de sus hijas. Pagan un alquiler de 438
euros mensuales. El contrato, que firmaron en el 2015, vence el 28 de
abril y la propiedad les anunció hace un mes que les subiría el recibo a
600 euros. “En estos tres años no nos hemos retrasado en el pago ni un
día, aunque hemos tenido que hacer equilibrios con nuestros exiguos
ingresos. Pero no podemos afrontar una subida tan grande”. Sandra y su
marido fueron a la oficina de vivienda de su barrio, cuyas técnicas
negociaron con el propietario una subida de 500 euros mientras la
familia recibía una subvención para el pago del alquiler, “pero entonces
se destaparon las verdaderas intenciones de la inmobiliaria”, dice
Sandra, que sospecha que quieren echarlos para convertir esta caja de
cerillas en un apartamento turístico. El martes, la víspera de la acción
protesta de la PAH, la familia recibió un burofax en el que se les
instaba a abandonar entre los días 28 y el 30 el salón con lavabo que ha
sido su hogar estos años. Sandra, que para entonces debería haberse
reincorporado a su trabajo, toma pastillas para dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario