MadridActualizado:La pesadilla de María (nombre ficticio) duró diez minutos pero tardará mucho más tiempo en olvidarla. Tiene 22 años, estudia Trabajo Social y siente rabia, miedo e impotencia por las vejaciones que tuvo que soportar sin comerlo ni beberlo, cuando cogió la madrugada del domingo un Cabify en el barrio de Malasaña (Centro). Quería llegar pronto a su casa situada en las inmediaciones de Hortaleza. Era la 1.10 horas y llegó a su destino unos 80 minutos después, tras solicitar ese servicio porque no pasaba ningún taxi por la zona.
«¿Tienes novio? ¿Y sexo? No te pongas así, feminazi de mierda... ¿Quieres ver un buen pene y no uno de esos pequeños de tus colegas?», todo eso y más tuvo que oir de boca del chófer, que, para colmo llegó media hora tarde, por lo que tuvo que llamarle. Él se excusó: «Me he perdido», pero la aplicación le situaba dando vueltas de aquí para allá. Para colmo, cuando la regió, lo primero que le dijo a la joven fue que si no le importaba, iba a tirar las botellas de agua vacías y a comprar tabaco, a lo que esta se opuso. Ahora, a toro pasado, piensa que tendría que haberse ido entonces. Pero ya, da igual... Además de tocamientos en piernas y entrepierna, de los que se trató de zafarse como pudo, este «conductor» se negaba a parar, tal y como le pidió María, estupefacta, cuando insistió, llorando, que lo hiciera, según relató a ABC ayer.
Bloqueó las puertas para que no se bajara y tras tratar de «meterle mano otra vez», solo cuando la joven se puso histérica, comenzó a dar patadas y cogió el móvil, el chófer, viendo las orejas al lobo; es decir, temiendo que la muchacha llamara a la Policía, de manera violenta la sacó, a empellones del coche, le escupió e insultó: «No te vas a comer una rosca en tu vida», al tiempo que le mostrata su órgano sexual, explica la muchacha.
Se quedó llorando, desconsolada en la Gran Vía y cogió el primer taxi que vio libre. «Lo soltó todo del tirón, no podía más. El hombre me escuchó y me calmo; me ayudó mucho. Me dijo que denunciara lo ocurrido y me indicó que esa noche le habían contando varios episodios truculentos a otras clientas de las VTC», dice agradecida.

Bloqueo y culpabilidad
«Me bloqueé. No podía llamar ni a la Policía ni a mis padres. He denunciado y hablo con los medios de comunicación para dar visibilidad a este asunto, para que no vuelvan a producirse más abusos. El miedo es un asco, no se puede vivir con él. Tengo que quitármelo, tendré que ir a un psicólogo», indicaba.Lo que tiene claro es que jamás cogerá un Cabify y de momento no irá sola a según que sitios. «A ese sujeto la pena de prisión se queda corta; tendrían que prohibirle trabajar de cara al público y estar en contacto con él. Pedir la cárcel es poco», subraya María.
Para colmo, dice que ha tenido que lidiar con el sentimiento de culpa por no haber podido/sabido reaccionar antes, aunque está contenta porque pudo parar a tiempo un episodio mucho más grave. «Me da pavor lo que hubiera podido hacer ese sujeto con alguna chica borracha, la puede violar y la deja tirada. Aconsejo a la gente que lleven grabado el 091 entre los teléfonos favoritos», concluye.
No hay comentarios:
Publicar un comentario